“En el contexto de los incendios recientes, resulta pertinente abordar el problema desde una perspectiva académica, considerando la Wildland–Urban Interface (WUI), concepto utilizado internacionalmente y equivalente a la interfaz urbano-forestal: el espacio donde los asentamientos humanos colindan o se entremezclan con áreas de vegetación combustible”, señaló el arquitecto Claudio Vergara, académico y coordinador del Diplomado en Geomática de la Facultad de Arquitectura la Universidad de Valparaíso.
“La evidencia comparada muestra que los incendios más destructivos no se producen únicamente en zonas rurales, sino precisamente en esta interfaz, donde el fuego deja de ser solo un fenómeno ambiental y se transforma en un riesgo urbano. Este riesgo no depende solamente de la ocurrencia del fuego, sino de la exposición de viviendas, infraestructura y personas, así como de su vulnerabilidad, determinada por el diseño urbano, los materiales, la localización y la planificación del territorio”, explicó.
Magíster en BIM Management, el académico enfatizó que “desde la planificación contemporánea, el abordaje del riesgo de fuego en la interfaz urbano-forestal se plantea de manera multiescalar. A escala predial, experiencias internacionales —como las desarrolladas en Canadá y países nórdicos— promueven la creación de zonas de manejo o buffers alrededor de las edificaciones (defensible space), reduciendo la continuidad del combustible vegetal en rangos que van desde los primeros metros hasta aproximadamente treinta metros, ajustados según pendiente y contexto local”.
“A escala barrial, se enfatiza la continuidad de estas zonas, la accesibilidad para la respuesta a emergencias y la existencia de rutas de evacuación seguras. A escala territorial, el foco se sitúa en los patrones de uso de suelo, la localización de la expansión urbana y la fragmentación del paisaje”, añadió.
Vergara indicó que “desde esta perspectiva, los incendios en la interfaz urbano-forestal no deben entenderse únicamente como desastres naturales, sino como el resultado de decisiones de planificación que han tratado históricamente lo urbano y lo rural como ámbitos separados. Integrar el riesgo de fuego en los instrumentos de ordenamiento territorial es hoy una condición básica para avanzar hacia territorios más seguros y resilientes”.
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