Aislacor nació a partir de una pregunta simple, pero estratégica: qué hacer con las miles de toneladas de corteza de eucalipto que genera Forestal Collicura como subproducto de su proceso industrial. Esa materia, que tradicionalmente se destinaba a calderas de biomasa, comenzó a verse como una oportunidad para crear un producto de alto valor agregado.
La idea tomó forma en 2007, cuando un programa apoyado por Corfo permitió iniciar investigaciones en Europa sobre posibles usos de la corteza. Esos primeros estudios derivaron en prototipos de paneles, pero la iniciativa quedó en pausa.
El proyecto resurgió el 2017 y tomó fuerza cuando se incorporó la Unidad de Desarrollo Tecnológico (UDT) de la Universidad de Concepción. Esa alianza permitió avanzar hacia lo que hoy es la primera planta en el mundo capaz de fabricar aislantes térmicos, acústicos e ignífugos hechos en base a corteza de eucalipto para pisos, techos, paredes y soluciones tipo SIP. “En 2022 ya dimos el visto bueno para adquirir las máquinas y convertir esto en una operación industrial”, recuerda Jacques Esquerré, gerente de Operaciones de Aislacor.
Las máquinas –fabricadas en Europa especialmente para el proyecto– pasaron por múltiples fases de pruebas. Aislacor envió al viejo continente corteza chilena para validar el proceso y ajustar la ingeniería. “Son equipos únicos en el mundo, construidos específicamente para este producto”, detalla Esquerré.
Los resultados incluso superaron las expectativas: el aislante logró un coeficiente de conductividad térmica (Landa) de 0,036, mejor que materiales tradicionales como la lana de vidrio y la lana de roca, además de destacadas propiedades acústicas e ignífugas.
Renacer industrial
La instalación de la planta en el histórico complejo Bellavista Oveja Tomé no solo le dio un hogar al proyecto, sino que abrió la puerta a revitalizar un espacio profundamente ligado a la identidad productiva de la ciudad. “Es bonito darle un segundo uso a un recinto que estaba detenido en el tiempo. Hoy ya hay una cafetería, un restaurante y otros proyectos instalándose. Se está armando un ecosistema”, destaca Esquerré.
Actualmente, Aislacor cuenta con cerca de 26 trabajadores entre sus dos plantas (la otra en Santa Juana), con fuerte presencia de vecinos de Tomé. El vínculo local ha sido clave en la reconstrucción del espíritu productivo del recinto. “La idea es aportar empleo donde uno llega. En Tomé eso genera identidad”, agrega.
La operación también está diseñada bajo un enfoque de economía circular. La corteza se procesa en la planta de Santa Juana, se seca con energía generada a partir de residuos forestales y luego se traslada a Tomé. Todo funciona como un ciclo donde los desechos de un proceso son la materia prima del siguiente. “Buscamos minimizar residuos y aprovechar al máximo cada recurso”, subraya.
Crecimiento en retail
La empresa comenzó su producción estable a principios de 2025 y rápidamente alcanzó un hito clave: su ingreso a todas las tiendas Easy del país. “Estamos en más de 40 tiendas y enviando camiones constantemente. Para una empresa que recién comienza, es un paso enorme”, afirma el ejecutivo.
Hoy Aislacor produce entre 15.000 y 40.000 m² al mes, aunque su capacidad máxima oscila entre 25.000 y 100.000 m², dependiendo de la densidad del producto que se fabrique. Esa flexibilidad permite atender tanto al retail como a constructoras y empresas de vivienda industrializada, mercados con los que ya están en conversaciones avanzadas.
La nueva normativa térmica que entraba en vigencia en noviembre de 2025 abre aún más oportunidades. Las exigencias de mayor aislación en edificios y viviendas –de acuerdo con zona climática, orientación y diseño– incrementarán la demanda de soluciones eficientes. “Una buena aislación no es solo confort. Es ahorro energético para los hogares y para el país”, recalca Esquerré.
El producto de Aislacor, además de ser más eficiente térmicamente, ofrece mejor comportamiento al fuego y propiedades acústicas superiores, lo que lo vuelve atractivo para proyectos residenciales e industriales.
Nuevas fronteras
El trabajo con la UDT continúa, ahora orientado a perfeccionar procesos y desarrollar nuevos productos. En paralelo, la empresa evalúa mercados internacionales para el aislante, especialmente en Europa y Asia.
Aislacor opera hoy con la convicción de que la innovación forestal puede abrir nuevos caminos de desarrollo. “La planta ha funcionado muy bien, y el aprendizaje del equipo ha sido enorme. Vamos por más”, enfatiza Esquerré.
Desde la Acoforag valoramos el proyecto, destacando que iniciativas como Aislacor son un ejemplo concreto de innovación aplicada al uso responsable de los recursos forestales. La entidad señaló que esta industria, basada en economía circular, empleo local y tecnología de punta, representa el tipo de desarrollo que el sector busca impulsar para el futuro del país.
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