Por: Anita Jara Venegas, académica de Arquitectura de la Universidad San Sebastián
En los últimos años, Chile ha dado pasos firmes para fomentar la construcción en madera. La conciencia frente al cambio climático ha posicionado al habitar sustentable como un desafío país y ha devuelto protagonismo a este material noble, tan antiguo como vigente. Diversos estudios han demostrado sus propiedades de confort térmico, y la experiencia de vivir en un país sísmico ha confirmado la flexibilidad y fortaleza de las estructuras en madera.
A esto se suma el desarrollo de la madera de ingeniería, los procesos de industrialización y la instalación de plantas de madera contralaminada, que evidencian la versatilidad de un recurso que nos pertenece y nos representa. Aunque siempre es posible ampliar la difusión, se reconoce un trabajo constante de instituciones públicas y privadas por fortalecer la imagen y la industria de la construcción en madera.
Consolidar al Biobío como región forestal y a Chile como país maderero requiere colaboración. Compartir una visión entre el mundo público, privado y la academia es la fórmula que ha probado su eficacia en distintos países. Se trata de fortalecer la conversación y compartir conocimiento, de no caminar en paralelo, sino crecer juntos.
Tal como los bosques siempreverde del sur de Chile, los bosques nativos más diversos del país, con muchas especies creciendo juntas y con sinergia; el país necesita alianzas que busquen el bien común y miren hacia adelante. Solo así podremos entregar a las próximas generaciones un mejor lugar para vivir, más humano y más nuestro.
Además de la investigación y la formación, necesitamos obra pública construida en madera. Las magníficas obras de Constitución —el Centro Cultural y Teatro de Alejandro Aravena, y la Biblioteca de Sebastián Irarrázabal— son prueba tangible de que la belleza y la sostenibilidad pueden convivir. Seguir ese ejemplo mediante políticas públicas que fomenten edificaciones públicas en madera, como ocurre en países del hemisferio norte, es una decisión necesaria.
Y si pensamos en el futuro, debemos sembrarlo desde la infancia. Educar a los niños en construcción sustentable es enseñarles a cuidar lo que los rodea. Un adulto que entiende que sus decisiones transforman su territorio será, sin duda, un ciudadano comprometido con su entorno. Con conocimiento, innovación y sentido de pertenencia, Chile puede construir su futuro con raíces profundas y madera sustentable.
La nota también disponible en nuestra Revista Contratistas Forestales
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