Narciso Guarda Aguilar nació el 2 de diciembre de 1970 en Lago Ranco, Región de Los Ríos. Su infancia transcurrió en distintos sectores rurales —Puerto Lápiz, Itropulli y Huequecura— siguiendo a una familia campesina que se trasladaba donde hubiera trabajo. Criado en el campo, aprendió desde pequeño a convivir con la naturaleza, a trabajar la tierra y a asumir el esfuerzo físico como parte de la vida diaria.
Sus estudios formales llegaron hasta sexto básico, una realidad común en muchas familias rurales de la época. Sin embargo, más adelante completó la enseñanza media rindiendo exámenes libres, mientras ya trabajaba. Nunca se sintió atraído por la vida de oficina: su lugar siempre estuvo en el terreno, al aire libre, donde —como él mismo dice— se siente realmente vivo.
Vocación temprana
A los 16 años tuvo su primer trabajo remunerado como brigadista forestal en Forestal Pedro de Valdivia, gracias a un permiso notarial escrito a mano por su padre. Ese ingreso marcó el inicio de una trayectoria que definiría su vida. El primer día estuvo lejos de ser sencillo: un grave accidente vehicular dejó a Narciso inconsciente durante casi 20 horas, tras el volcamiento del camión que transportaba a la brigada.
Lejos de alejarlo del oficio, la experiencia reforzó su compromiso. El compañerismo, la disciplina y el trabajo en equipo se transformaron en pilares de su identidad. En esos años, las brigadas funcionaban con una formación estricta, casi militar, una disciplina que Narciso aún intenta preservar en su forma de trabajar y liderar.
Aprender haciendo
Tras pasar por empresas forestales privadas, ingresó a Conaf a fines de los años 80, institución a la que permanece ligado hasta hoy. Comenzó como brigadista transitorio y fue desempeñando prácticamente todos los roles dentro de una brigada: motosierrista, motobombista, encargado de herramientas, primeros auxilios, jefe de cuadrilla y finalmente jefe de brigada.
Su ascenso no estuvo marcado por títulos académicos, sino por la experiencia acumulada en terreno. “Es la experiencia la que pesa”, recuerda que le dijeron cuando le ofrecieron liderar una brigada de 23 personas en La Cumbre, San Juan de la Costa. En 2006 realizó su primer curso formal como jefe de brigada y ese mismo año Conaf decidió otorgar contrato permanente a los jefes de brigada transitorios, entregándole por primera vez estabilidad laboral.
Incendios extremos
Con casi 40 años de servicio, Narciso ha sido testigo directo de cómo han cambiado los incendios forestales. “La intensidad se ha duplicado en los últimos 20 años”, afirma. El cambio climático, las altas temperaturas, los vientos más intensos y la sequía extrema han convertido a la vegetación en un combustible altamente peligroso. Hoy, algunos incendios incluso generan su propio sistema meteorológico, volviéndose casi incontrolables.
Entre los siniestros que más lo marcaron están Las Torres del Paine y, especialmente, el megaincendio de Santa Olga en 2017. Recuerda la llegada inicial al poblado, cuando aún había esperanza, y el regreso al día siguiente tras la evacuación, encontrando solo desolación. “Ver a personas que lo han perdido todo te marca para siempre”, señala, subrayando que no se debe escatimar en recursos cuando la vida está en riesgo.
Más allá de las fronteras
Su experiencia también lo llevó fuera del país. En 2011 participó en capacitaciones a bomberos en Ecuador, y en 2022 y 2024 integró delegaciones chilenas que combatieron incendios en Canadá, en la provincia de Alberta. Allí trabajó en incendios activos por más de 80 días, enfrentando fuego subterráneo y extensas jornadas.
El contacto con brigadistas de países como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y México reafirmó su convicción de que el compañerismo es universal. “Los brigadistas chilenos son muy bien evaluados afuera”, comenta con orgullo.
Costos personales
La vida de brigadista también tiene un alto costo emocional. Narciso reconoce que durante los incendios funciona muchas veces en “piloto automático”, y que el desgaste aparece después. A ello se suma el dolor más profundo de su vida: la muerte de su hija mayor, Mariana, funcionaria de Carabineros, fallecida en 2022 a causa de un cáncer agresivo.
Hoy, desde su rol como asistente de control de incendios forestales en Conaf, continúa aportando desde la experiencia y orientando a nuevas generaciones. Para él, ser brigadista no es solo un trabajo: es una forma de vida, nacida en el campo, templada por el fuego y sostenida por un compromiso inquebrantable con la protección de los bosques y las personas.
Desde Acoforag destacamos y valoramos la trayectoria de Narciso Guarda Aguilar, ejemplo de compromiso, experiencia y vocación al servicio de la protección de los bosques y las personas. Su historia es reflejo del esfuerzo silencioso de cientos de brigadistas.
El reportaje en la Revista Acoforag
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