Por Javiera Olate González, vicepresidenta Biobío Madera y presidenta de la Comisión Métodos Modernos de Construcción de la CChC Los Ángeles
El sector de la construcción enfrenta un escenario complejo. La baja inversión pública, los altos costos y la incertidumbre económica han tensionado a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas, con efectos directos en el empleo y la continuidad de proyectos. Sin embargo, este contexto no debiera inmovilizarnos; por el contrario, abre una oportunidad para transformar la forma en que construimos y avanzar hacia procesos más eficientes, modernos y sostenibles.
En una región como Biobío, que concentra una parte relevante de la base forestal y productiva del país, la madera surge como un aliado estratégico para impulsar ese cambio. Su incorporación a métodos modernos de construcción permite transitar desde prácticas tradicionales hacia sistemas planificados, controlados e industrializados. Más que una tendencia, la industrialización se ha vuelto una necesidad para mejorar la productividad, reducir la incertidumbre y elevar los estándares de calidad.
La construcción industrializada en madera ofrece procesos más ordenados y mejores desempeños en plazos, costos y calidad de obra. La región cuenta con condiciones favorables para avanzar: una industria forestal consolidada, capacidad manufacturera instalada, empresas que ya fabrican componentes y un ecosistema académico comprometido con la formación especializada. No obstante, persisten brechas relevantes, como la falta de estandarización, el acceso limitado a tecnología y la baja sistematización de datos y planificación, factores clave para adoptar prácticas avanzadas.
Un catastro reciente de la CChC Los Ángeles evidenció que, aunque las empresas reconocen los beneficios de modernizar sus procesos, los niveles de implementación de métodos modernos de construcción siguen siendo intermedios o bajos. Este diagnóstico, apoyado por herramientas de la Corporación de Desarrollo Tecnológico de la CChC, entrega una línea base clara para orientar apoyos, inversiones y decisiones estratégicas. Existe, por tanto, la necesidad y la voluntad de avanzar.
Otro desafío relevante es cultural. Persisten dudas sobre la madera en aspectos como durabilidad, comportamiento frente al fuego o resistencia estructural. Son preocupaciones comprensibles, pero que hoy cuentan con respuestas técnicas, normativas y evidencia que garantizan seguridad y desempeño. La experiencia local e internacional demuestra que la madera puede competir de igual a igual con los sistemas tradicionales.
Avanzar hacia una construcción moderna también amplía oportunidades laborales. Los procesos industrializados facilitan la incorporación de mujeres, atraen a nuevas generaciones y promueven entornos más formales y especializados. Para que este cambio sea sostenible, es clave fortalecer la formación técnica y apoyar a las pymes en la incorporación de gestión y tecnología.
El Programa Estratégico Regional Biobío Madera ha articulado al sector forestal, la construcción, la academia y el Estado en torno a una visión común, consolidando a la madera como una oportunidad real para construir mejor, con mayor calidad, menor impacto ambiental y más desarrollo para la región y el país.
La columna en Revista Acoforag
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