Durante siglos, el boldo ha acompañado la vida cotidiana en Chile. Presente en infusiones caseras, botiquines naturales y hoy en sofisticados productos farmacéuticos y cosméticos, este producto forestal no maderero (PFNM) es una de las especies endémicas más valoradas del país.

Sin embargo, su éxito comercial —que traspasó fronteras desde fines del siglo XIX— también ha significado una fuerte presión sobre el recurso. Frente a este escenario, la investigación aplicada se ha vuelto clave para asegurar su continuidad. En ese camino, el Instituto Forestal (Infor), dependiente del Ministerio de Agricultura, y en particular la investigadora y directora de proyectos Susana Benedetti Ruiz, han asumido un rol protagónico.

Impacto y sobreexplotación

Las hojas de boldo son reconocidas por sus propiedades digestivas y hepatoprotectoras, asociadas principalmente a la boldina, un alcaloide que hoy despierta interés internacional. A la tradicional exportación de hojas secas se sumó, a fines del siglo XX, la exportación de polvo obtenido de la pulverización de ramas delgadas.

Este crecimiento del mercado —con destinos como Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Alemania, España y otros países de Europa— generó un impacto económico relevante, pero también una consecuencia crítica: la sobreexplotación de las formaciones naturales de boldo.

“El aprovechamiento histórico del boldo ha sido casi exclusivamente desde el bosque nativo. No existen plantaciones comerciales, y eso ha llevado a una disminución de superficie y a un cambio en su forma de crecimiento: de árbol a arbusto”, explica Susana Benedetti Ruiz. En zonas desde Coquimbo hasta La Araucanía, donde la especie se distribuye de manera natural, hoy es cada vez más difícil encontrar ejemplares arbóreos. La alta capacidad de rebrote ha permitido su supervivencia, pero con serios problemas de regeneración natural.

Este escenario encendió las alertas en el mundo científico. Para el equipo de Infor, el boldo enfrentaba un riesgo real de vulnerabilidad, más aún considerando que se trata de una especie endémica, exclusiva de Chile. “Si sabemos que tiene un enorme potencial químico y medicinal, la obligación es proteger su material genético y buscar alternativas productivas”, señala Benedetti.

Sin presiones

Ahí surge uno de los ejes centrales del trabajo de Infor: desarrollar modelos de cultivo sustentable que permitan mantener el negocio sin seguir presionando al bosque nativo. Durante más de 20 años, la institución ha investigado la silvicultura del boldo: cómo reproducirlo, cómo plantarlo, qué manejo requiere, cuánto produce una hectárea cultivada versus una formación natural y qué modelos se adaptan mejor a pequeños, medianos o grandes propietarios.

El impacto de este trabajo se refleja especialmente en los territorios rurales y en las personas que históricamente han vivido de la recolección. En regiones como Valparaíso, O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío, Infor ha trabajado directamente con comunidades, muchas de ellas conformadas por mujeres recolectoras. La transferencia de conocimiento ha permitido que los propietarios comprendan el real valor del recurso y negocien en mejores condiciones.

“Cuando partimos, el kilo de hoja seca se pagaba entre 60 y 70 pesos. Hoy supera los 2.500 o incluso 3.000 pesos”, destaca la investigadora. Este cambio no es casual, pues responde a una mayor transparencia de mercado, acceso a información y fortalecimiento de la posición de pequeños propietarios y recolectoras, que hoy entienden que su producto es la base de una cadena de alto valor.

La investigación también ha ido más allá de la hoja. Estudios realizados junto a las Universidad de Chile permitió identificar una amplia gama de compuestos bioactivos —flavonoides, aceites esenciales y otros alcaloides— presentes no solo en hojas, sino también en ramas y madera. Esto abre nuevas oportunidades para industrias farmacéuticas, cosméticas y de alimentos funcionales. Incluso se han desarrollado prototipos innovadores, como gomitas, mezclas herbales y experiencias piloto en productos alimentarios.

Desafío de la conservación

Uno de los desafíos más ambiciosos es la conservación genética del boldo. “Mi gran meta es dejar protegido el material genético de la especie”, afirma Benedetti. INFOR ha logrado avances en replicar individuos destacados y trabaja en la idea de un banco de germoplasma que represente la diversidad regional del boldo, una herramienta clave para su conservación a largo plazo.

Hoy, la proyección del boldo combina tradición y futuro. A la demanda internacional por hojas secas y polvo se suma el creciente interés por extractos, boldina purificada y aplicaciones de alto valor agregado. Todo esto refuerza la necesidad de un enfoque sostenible, donde el cultivo planificado reemplace progresivamente la extracción desde el bosque nativo.

Susana Benedetti remarca que el rol de Infor ha sido articular ciencia, territorio y mercado. “Desde la generación de conocimiento técnico hasta la transferencia a comunidades, nuestro trabajo ha sentado las bases para una nueva relación con este PFNM chileno, más justa para las personas y más respetuosa con el ecosistema”, apunta.

Desde la Acoforag valoramos el proyecto impulsado por Infor, destacando que la investigación en boldo demuestra que el desarrollo forestal puede ser sostenible, inclusivo y con identidad territorial, generando oportunidades reales para pequeños propietarios y recolectoras, y protegiendo un patrimonio natural único de Chile.

EL reportaje en la Revista Acoforag

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