Los incendios forestales en Chile han cambiado en intensidad, comportamiento y complejidad durante los últimos años. Así lo sostiene Edgardo Fuenzalida, perito criminalístico e investigador de incendios forestales acreditado en todas las Cortes de Apelaciones del país, quien suma más de quince años de experiencia y cerca de 750 investigaciones realizadas.

Desde su mirada técnica, el año 2017 marcó un punto de inflexión en la forma en que se desarrollan los incendios en el país. Durante esa temporada se registró la primera “tormenta de fuego” en la zona centro sur, fenómeno extremo que evidenció cómo ciertas condiciones climáticas pueden potenciar la propagación del fuego a gran escala.

“En enero de 2017 se produjo la primera tormenta de fuego en sectores del Maule y Biobío, afectando grandes superficies de bosque y también viviendas. Ese evento cambió la forma en que entendemos los incendios en Chile”, explica el especialista.

A partir de entonces, el comportamiento del fuego ha estado cada vez más influido por condiciones climáticas extremas, altas temperaturas y vientos variables que favorecen la rápida propagación de los incendios.

Origen humano

Pese a estos cambios en el comportamiento del fuego, Fuenzalida enfatiza que el origen de los incendios en Chile continúa siendo mayoritariamente humano. De acuerdo con distintas estadísticas, cerca del 99% de los incendios forestales tienen origen antrópico. “El origen es el lugar donde comienza el incendio. Luego, a través de una investigación científica, se determina cuál fue la causa que lo generó”, explica el perito.

Entre las causas más comunes se encuentran acciones intencionales, descuidos o negligencias humanas. Por ejemplo, quemas de basura, fogatas mal apagadas, colillas de cigarro arrojadas en zonas de vegetación seca o el uso de herramientas eléctricas que generan chispas durante trabajos en el campo.

Según Fuenzalida, el aumento de personas que han migrado desde ciudades hacia zonas rurales también ha influido en este tipo de situaciones. “Muchas personas se trasladan al campo y realizan construcciones o trabajos con herramientas eléctricas. En verano, una chispa puede ser suficiente para iniciar un incendio”, advierte.

Factores eléctricos

El especialista también distingue entre distintos tipos de responsables. No todos los incendios provocados por personas responden a la misma motivación.

“La piromanía es una enfermedad que debe ser diagnosticada por el Servicio Médico Legal mediante una evaluación psicológica. En cambio, el incendiario es una persona que provoca el fuego con una motivación determinada, que puede ser económica, personal o incluso delictual”, señala.

Sin embargo, una parte importante de los incendios también está relacionada con negligencias o fallas en infraestructura. En su experiencia, Fuenzalida ha investigado más de 120 casos vinculados a incendios originados por redes eléctricas.

“Cuando no se realizan podas adecuadas cerca de las líneas eléctricas o los árboles superan la altura de los cables, existe riesgo de chispas o contactos que pueden generar incendios”, explica.

Estos eventos, aunque menos visibles para la opinión pública, pueden convertirse en focos de gran impacto cuando coinciden con condiciones climáticas adversas.

Focos secundarios

Uno de los aspectos que suele generar confusión durante grandes incendios es la presencia de múltiples focos en distintas zonas. Según el perito, esto no siempre implica que varias personas estén iniciando incendios simultáneamente.

“Muchas veces existen focos secundarios que se producen por las pavesas, que son fragmentos incandescentes que se desprenden del incendio principal y pueden desplazarse grandes distancias impulsados por el viento”, explica.

Estas pavesas pueden viajar kilómetros a través de corrientes de aire caliente generadas por el propio incendio, cayendo sobre vegetación seca y originando nuevos focos.

“Se ha determinado que pueden saltar incluso hasta 30 kilómetros desde el foco principal. Eso provoca que, mientras se combate un incendio en un sector, aparezcan nuevos focos más adelante”, agrega.

Por esta razón, el análisis del origen de un incendio requiere un trabajo técnico y científico que permita diferenciar entre focos generados por intervención humana y aquellos derivados de la dinámica propia del fuego.

En los últimos años, la investigación de incendios forestales también ha incorporado nuevas tecnologías que facilitan la detección temprana y el análisis de los siniestros. Cámaras de monitoreo, inteligencia artificial y sistemas satelitales permiten hoy identificar puntos calientes y reconstruir el inicio de los incendios con mayor precisión.

Para Fuenzalida, estas herramientas han fortalecido el trabajo investigativo, aunque advierte que aún existen desafíos en la coordinación entre instituciones y en el acceso a información pública sobre los incendios.

Desde Acoforag valoramos el aporte de profesionales especializados en la investigación de incendios forestales, destacando que el trabajo pericial resulta fundamental para comprender con precisión el origen y las causas de estos eventos.

Reportaje en la Revista Acoforag


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