Desde Curanilahue, tierra de guitarras y acordeones, surge la historia de Luis Yancamán, un hombre que ha levantado su vida con esfuerzo, alegría y valores heredados. Hijo de un minero que partió joven al norte, creció rodeado de ejemplos de sacrificio y sencillez.

Junto a su esposa, Alba Luz Fontalba, comenzó con lo mínimo: una cama y unas pocas tazas. Con confianza y trabajo compartido formaron una familia sólida. “Yo le pasaba el dinero y ella lo guardaba”, recuerda Luis, agradecido por su compañera, a quien describe como ahorrativa y firme.

En su camino también estuvo su suegro, Polidoro Segundo Fontalba, a quien considera un segundo padre. Juntos soñaron y construyeron una casa, respetando su rol como cabeza de familia.

Hoy, sus hijos se enorgullecen del ejemplo recibido. Luis, operador de maquinaria, valora su oficio, pero más aún la vida familiar: “Uno se conecta con la máquina, pero lo más importante es llegar a casa, contar cómo fue el día y ver a los tuyos orgullosos”.

La historia de Luis, Alba y Polidoro refleja la fuerza de lo cotidiano: un testimonio de que con amor, respeto y alegría se puede levantar una vida digna desde lo más simple.

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