Por Marcelo González Retamal, director Magíster en Gestión de la Construcción y Sustentabilidad USS, Escuela de Arquitectura USS Concepción.
Cuando se habla de madera en construcción, una de las objeciones más frecuentes es que “la madera se quema”. Y es cierto. Pero desde el punto de vista del diseño, la pregunta relevante no es si un material es combustible, sino cómo se comporta estructuralmente durante un incendio.
La madera, al exponerse al fuego, inicia un proceso de degradación térmica conocido como pirólisis. A temperaturas cercanas a los 120°C comienza a descomponerse, y sobre los 250°C puede iniciar la ignición. Sin embargo, lo más importante es que, al quemarse, forma una capa superficial de carbón que actúa como aislante térmico. Esta capa protege el interior del elemento, ralentizando la penetración del calor y permitiendo que el núcleo mantenga su capacidad estructural durante un tiempo significativo.
Este comportamiento permite que la pérdida de sección resistente ocurra de manera gradual y predecible. La velocidad de carbonización de la madera es relativamente constante, del orden de 0,6 a 0,9 mm por minuto, lo que permite diseñar considerando esta reducción progresiva.
A diferencia de otros materiales que pueden fallar de manera súbita al alcanzar ciertas temperaturas, la madera permite anticipar su desempeño y dimensionar los elementos estructurales para cumplir con los tiempos de resistencia al fuego exigidos por normativa.
En sistemas de madera masiva (madera laminada o CLT), el mayor espesor de los elementos permite que la carbonización superficial funcione como un mecanismo de protección natural, extendiendo el tiempo durante el cual la estructura puede mantenerse en pie durante un incendio.
Esto no significa que la madera no tenga desafíos frente al fuego. Su carácter combustible es un aspecto que debe ser gestionado desde el diseño: cuando se hace correctamente, su comportamiento estructural en condiciones de incendio es conocido.
La discusión sobre la madera y el fuego suele quedarse en la percepción. Sin embargo, lo relevante es comprender que se trata de un material cuyo desempeño puede ser diseñado y controlado. Y ahí es donde se marca la diferencia entre una opinión y un criterio técnico.
La columna en la Revista Acoforag
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