Ricardo Briones, conocido como Caco, nació y creció en Santiago, en la comuna de Ñuñoa. Aunque su formación formal fue en administración hotelera, su historia está marcada por caminos paralelos que terminaron encontrándose. Antes de dedicarse de lleno a sus actuales oficios, trabajó en restaurantes, exploró el mundo del vino e intentó proyectar una carrera más tradicional. Sin embargo, algo siempre lo empujaba hacia lo creativo.
Ese impulso venía desde la infancia. Su abuelo, dentista de profesión, pero carpintero aficionado, fue quien le enseñó a usar herramientas, a entender la madera y a perderle el miedo al hacer. “Eran cosas simples, arreglos en la casa, pequeños muebles, pero ahí partió todo”, recuerda.
Primera impresión
Con los años, esa semilla quedó en pausa, hasta que una escena cotidiana lo cambió todo. Visitando a unos amigos, recién casados, vio una mesa de roble demolición. “Me impactó. Era una mesa con historia, con carácter. Ahí dije: quiero hacer algo así”, cuenta. Ese momento marcó el inicio de un proceso autodidacta que lo llevó a experimentar, equivocarse y aprender.
Poco a poco comenzó a fabricar muebles para cercanos, sin grandes pretensiones. Pero la constancia y el interés por mejorar hicieron lo suyo. Lo que empezó como un pasatiempo se transformó en un emprendimiento: Caco Briones, donde hoy diseña y construye muebles a pedido, priorizando la funcionalidad, la estética y la identidad de cada pieza.
En paralelo, su vida musical nunca se detuvo. Como baterista, ha acompañado durante años al equipo del imitador y humorista Stefan Kramer, participando en presentaciones a lo largo del país. Esa dualidad, lejos de ser un conflicto, se convirtió en una forma de equilibrio. “La música tiene sus altos y bajos, y la carpintería también. Pero ambas se complementan”, dice.
Notas propias
Para Caco, no hay una línea divisoria entre sus oficios. La música y la madera dialogan constantemente en su vida. “Al final, los dos son procesos creativos. Uno trabaja con ritmos, el otro con formas, pero ambos requieren sensibilidad”, explica.
Su taller, instalado en su casa, es un espacio íntimo donde cada proyecto toma forma. No trabaja con stock ni producción en serie: todo es a pedido. Mesas, repisas, escritorios o lámparas nacen desde la conversación con el cliente, pero también desde su propia mirada. A veces replica ideas, otras veces las transforma. “Siempre hay algo propio, aunque uno no se dé cuenta”, reflexiona.
Las redes sociales han sido clave en este proceso. Sin una estrategia definida, comenzó a compartir videos mostrando cómo trabaja: desde el uso de herramientas hasta técnicas de ensamblaje. Con el tiempo, ese contenido fue conectando con miles de personas. Hoy suma decenas de miles de seguidores, convirtiéndose en una vitrina, pero también en un espacio de aprendizaje colectivo.
Conexión con la madera
Más allá de la técnica, lo que realmente lo mueve es la conexión con el material. “Soy fanático de la madera desde que es árbol”, dice. Disfruta observarla en su estado natural, recorrer bosques, reconocer especies. Luego, en el taller, ese vínculo se transforma en respeto por sus vetas, sus marcas y sus imperfecciones. “No me gusta ocultarlas. Son parte de su historia”, agrega.
Esa mirada también se refleja en sus creaciones, donde busca transmitir calidez y permanencia. En un contexto donde predominan materiales industriales, Caco apuesta por lo esencial. “La madera tiene algo que no se puede reemplazar. Hace que los espacios se sientan vivos”, afirma.
Entre viajes, escenarios y encargos, su rutina es todo menos predecible. Sin embargo, hay algo que se mantiene constante: la necesidad de crear. Ya sea golpeando una batería o lijando una tabla, Ricardo Briones sigue construyendo una vida donde la pasión es el eje.
Desde Acoforag destacamos historias como la de Briones, donde el trabajo con la madera trasciende lo productivo y se convierte en una expresión de identidad, oficio y conexión con el entorno.
El Reportaje en la Revista Acoforag
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