Un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile identificó las distintas estrategias que utilizan tres especies nativas del bosque esclerófilo para sobrevivir a los períodos de escasez hídrica que afectan cada año a la zona central del país.

La investigación se centró en el análisis del xilema secundario, tejido responsable del transporte de agua al interior de los árboles, en ejemplares de peumo (Cryptocarya alba), litre (Lithraea caustica) y quillay (Quillaja saponaria) provenientes del Arboretum Antumapu de la Universidad de Chile.

A través de observaciones microscópicas, el investigador Iván Espinoza evaluó características anatómicas relacionadas con la conducción de agua, entre ellas el tamaño y densidad de los vasos conductores, el grosor de las paredes celulares y su capacidad potencial de transporte.

Los resultados evidenciaron que cada especie ha desarrollado mecanismos distintos para enfrentar las condiciones de sequía propias del clima mediterráneo chileno.

El peumo destaca por privilegiar la eficiencia en el transporte hídrico. Sus vasos conductores presentan un mayor diámetro, lo que le permite movilizar mayores volúmenes de agua dentro de la planta. En cambio, el quillay adopta una estrategia más conservadora, basada en vasos más pequeños y numerosos que reducen el riesgo de fallas en el sistema de conducción durante períodos prolongados de estrés hídrico.

El litre, por su parte, mostró características intermedias, combinando atributos anatómicos y fisiológicos que le otorgan flexibilidad para adaptarse a escenarios de menor disponibilidad de agua.

Adaptaciones comunes frente a un mismo desafío

A pesar de pertenecer a familias botánicas diferentes, las tres especies comparten rasgos anatómicos en su sistema vascular. Entre ellos destacan las placas de perforación simples y las puntuaciones intervasculares alternas, características que también se observan en especies de otras regiones mediterráneas del mundo.

Según los investigadores, esta similitud corresponde a un proceso conocido como convergencia evolutiva, mediante el cual organismos sin parentesco cercano desarrollan soluciones similares para responder a condiciones ambientales equivalentes.

Los autores sostienen que estas adaptaciones reflejan la influencia del clima mediterráneo, marcado por inviernos lluviosos y extensos períodos de sequía durante el verano.

El estudio también pone de relieve la escasez de investigaciones sobre rasgos funcionales de especies mediterráneas chilenas, especialmente en comparación con otras regiones del planeta donde este tipo de análisis ha sido ampliamente desarrollado.

Los investigadores destacan que comprender cómo responden las especies nativas a la falta de agua resulta fundamental en un contexto de cambio climático y creciente aridificación. La zona central de Chile, reconocida como una de las cinco regiones con clima mediterráneo del mundo, enfrenta actualmente una fuerte presión sobre sus ecosistemas debido a la disminución de las precipitaciones.

En este escenario, los hallazgos aportan nuevos antecedentes para evaluar la capacidad de adaptación de los bosques esclerófilos y generar estrategias de conservación y manejo orientadas a fortalecer la resiliencia de estas especies frente a las condiciones climáticas futuras.

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