Lo que comenzó como una simple idea observando una gran torre de madera en el norte de Chile, terminó convirtiéndose en un emprendimiento familiar que hoy recorre ferias y plazas con más de 30 juegos hechos completamente de madera.

Detrás de esta historia está Edson Muñoz, mecánico industrial y fundador de Taentrete, iniciativa nacida en Hualpén que busca devolver el valor al juego compartido y al contacto con materiales nobles como la madera.

Edson trabaja en Calama bajo sistema de turnos, pasando largos periodos lejos de su familia. Fue precisamente durante uno de esos viajes cuando vio por primera vez una gran yenga de madera que despertó su interés. “Me llamó la atención porque vi que podía transformarse en un emprendimiento a futuro”, recuerda. Con hijos pequeños y la necesidad de generar más ingresos, comenzó a fabricar sus primeros juegos en 2020, pensando no solo en un negocio, sino también en una alternativa que le permitiera pasar más tiempo junto a su familia.

Sembrando la idea

Sin embargo, la relación con la madera venía desde mucho antes. Cuando nació su hija, en 2018, comenzó a crear pequeños juegos didácticos y motrices para ella. Utilizando pino cepillado, restos de madera reciclada y materiales en desuso, elaboraba piezas simples orientadas al aprendizaje infantil. Eran juegos hechos a mano, pensados para estimular la motricidad, los colores y las formas. Sin darse cuenta, esos primeros trabajos fueron sembrando la idea de lo que más tarde se convertiría en Taentrete.

Nacido en Chiguayante y criado gran parte de su vida en Hualpén, Edson siempre tuvo afinidad por las manualidades. Aunque su profesión es mecánico industrial y actualmente trabaja en montaje industrial en el norte del país, reconoce que desde joven le llamaban la atención los trabajos manuales. “Siempre fui bueno para las manualidades”, comenta. Hoy, en el pequeño taller instalado en la casa de sus padres, fabrica cada uno de los juegos que forman parte del emprendimiento.

La primera creación fue una yenga gigante. Después comenzaron a aparecer nuevas ideas: juegos de discos, laberintos, competencias con corchos y distintos desafíos de habilidad inspirados en modelos europeos que Edson fue adaptando a su propio estilo. Gran parte del aprendizaje llegó viendo tutoriales en internet y observando juegos tradicionales utilizados en otros países. “Trataba de copiarlos, pero dándoles mi propia forma”, explica.

Primeros modelos

Al principio eran solo seis juegos. Con esos primeros modelos participaron en una feria gratuita en el Parque Laguna Redonda, instancia que les sirvió para medir la reacción del público. El resultado fue inmediato. Las personas se acercaban, participaban y permanecían largos ratos jugando. “Nos fue súper bien. Incluso nos daban propinas”, recuerda Evelyn Velásquez, esposa de Edson y parte fundamental del proyecto familiar.

Desde entonces, Taentrete comenzó a crecer gracias al boca a boca y las redes sociales. Hoy cuentan con más de 32 juegos fabricados completamente de madera y participan regularmente en ferias, plazas y actividades familiares en distintas comunas de la Región del Biobío. También han sido invitados a eventos costumbristas en Ñuble, como fiestas del vino y actividades comunitarias en sectores rurales.

Además del arriendo de juegos para eventos, el emprendimiento comenzó a recibir pedidos de colegios, municipalidades y particulares interesados en incorporar juegos de madera en espacios educativos y recreativos. Cada pieza es fabricada artesanalmente por Edson durante sus días de descanso, compatibilizando el trabajo en minería con el desarrollo del negocio familiar.

La experiencia en terreno les permitió descubrir algo que consideran fundamental: la madera tiene un atractivo especial para las personas. “Los adultos dicen que no van a jugar y terminan participando más que los niños”, comenta Evelyn entre risas. El carácter táctil, simple y cercano de los juegos genera una conexión inmediata, especialmente en tiempos donde gran parte del entretenimiento está dominado por las pantallas.

Uno de los aspectos que más valora Edson es precisamente esa capacidad de reunir a padres e hijos en torno a una misma actividad. “No es el típico juego donde el niño juega solo mientras el adulto mira. Acá las familias se involucran”, explica. Para él, recuperar el juego compartido tiene un valor especial, porque permite fortalecer vínculos familiares y crear espacios de interacción reales.

Sus propios hijos también han sido parte importante del proceso creativo. Ellos prueban los juegos, ayudan a detectar dificultades y entregan ideas sobre tamaños, alturas y formas de uso. De alguna manera, se han convertido en los primeros evaluadores de cada nueva creación.

Actualmente, Taentrete sigue proyectándose como un emprendimiento familiar con identidad propia. Aunque las limitaciones de transporte aún dificultan viajar más lejos, Edson y Evelyn sueñan con ampliar su alcance y recorrer nuevas regiones llevando sus juegos de madera a más comunidades.

Desde Acoforag destacamos iniciativas como Taentrete porque ponen en valor el uso cotidiano y recreativo de la madera, demostrando que este material sigue siendo cercano, sostenible y capaz de generar experiencias significativas para las nuevas generaciones.


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