La crisis que enfrenta el sector forestal chileno es el resultado de casi tres décadas de violencia, atentados, incertidumbre jurídica y ausencia de políticas públicas de largo plazo. Así lo afirmó el gerente de Acoforag, René Muñoz, quien en entrevista con Radio Agricultura realizó un duro diagnóstico sobre la realidad que viven las empresas forestales, contratistas y trabajadores, especialmente en las regiones del Biobío y La Araucanía.

El dirigente sostuvo que la situación actual no responde únicamente al escenario económico, sino que es consecuencia de una acumulación de problemas que durante años han debilitado la actividad forestal.

A la violencia y los atentados, explicó, se suman factores como el aumento de los costos laborales derivados de las 40 horas y del incremento de las cotizaciones previsionales, el alza del precio del petróleo —uno de los principales insumos para las faenas forestales— y las dificultades que enfrentan actualmente los mercados internacionales.

"Después de casi 30 años sometidos a inseguridad, violencia y terrorismo, ningún sector productivo puede soportar un escenario de esta naturaleza", afirmó.

Atentados y zonas paralizadas

Uno de los puntos más críticos planteados por Muñoz es que la disminución de los atentados informada por las autoridades no refleja necesariamente una mejora de las condiciones de seguridad.

Explicó que en una parte importante de la provincia de Arauco simplemente dejó de existir actividad forestal debido a que las empresas consideran que no existen garantías mínimas para proteger a sus trabajadores y equipos. "De la mitad de la provincia de Arauco hacia el sur no se puede trabajar porque no existen condiciones de seguridad. Si no hay trabajadores ni maquinaria operando, naturalmente tampoco habrá atentados. Por eso esas cifras no representan la realidad", sostuvo.

Según indicó, esta situación ha impedido el desarrollo de nuevos proyectos productivos y ha generado un fuerte impacto económico en comunas donde la actividad forestal constituye una de las principales fuentes de empleo.

A ello se suma la incertidumbre jurídica que, a juicio del dirigente, dificulta cualquier decisión de inversión de largo plazo.

Pérdida de empleos

Muñoz señaló que durante la última década el sector ha perdido alrededor de 4.000 puestos de trabajo. Asimismo, indicó que entre 70 y 80 empresas contratistas forestales han desaparecido debido a la disminución sostenida de las faenas.

La crisis también ha alcanzado a la industria de primera transformación de la madera. Según explicó, cerca de 200 pequeños aserraderos han debido cerrar sus puertas producto de la menor disponibilidad de materia prima y de la caída de la actividad productiva.

El gerente de Acoforag sostuvo que despedir trabajadores nunca resulta una decisión fácil, pero afirmó que muchas empresas se han visto obligadas a ajustar sus estructuras para poder mantenerse operando. "Las empresas deben equilibrar sus costos con los ingresos. Lo que pedimos no es un trato especial, sino que existan condiciones básicas para poder trabajar", señaló.



Compartir: