Por Ignacio Vera, gerente general de Forestal Santa Blanca

El sistema frontal que afectó a más de diez regiones del país durante julio dejó 5 personas fallecidas, más de 2.200 damnificados, cerca de 100 mil personas aisladas, cientos de miles de clientes sin suministro eléctrico y graves daños en infraestructura vial, sanitaria y energética. En la Región de Coquimbo, las lluvias más intensas registradas en 39 años obligaron al Gobierno a decretar Estado de Catástrofe, confirmando que Chile enfrenta un nuevo escenario climático donde los eventos extremos dejan de ser excepcionales.

“Aunque la atención pública se concentró en las zonas urbanas, el impacto también fue severo para las pequeñas y medianas empresas forestales del Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía. Rachas de viento superiores a los 100 km/h provocaron el volcamiento de plantaciones de pino radiata y eucalipto próximas a cosecha, reduciendo el valor comercial de la madera”, señala Ignacio Vera, gerente general de Forestal Santa Blanca. El ejecutivo agrega, que al mismo tiempo, se advierte la saturación de los suelos paralizó faenas, impidió el ingreso de maquinaria pesada, dañó caminos forestales, puentes, alcantarillas y sistemas de drenaje, además de interrumpir el transporte hacia aserraderos y puertos. “Las pymes resultan especialmente vulnerables porque cuentan con menor capacidad financiera para reconstruir infraestructura y absorber estas pérdidas”, agrega.

Este episodio confirma una tendencia de largo plazo. Un reciente análisis advierte que Chile deberá acostumbrarse a fenómenos cada vez más intensos y simultáneos en amplias zonas del territorio. De hecho, entre 1990 y 2021 cerca de 1.200 tramos de caminos sufrieron cortes por eventos hidrometeorológicos, afectando más de 36.000 kilómetros de infraestructura vial, evidencia de que la conectividad será uno de los principales desafíos para la competitividad de los sectores productivos.

“Frente a este escenario, la infraestructura forestal debe dejar de entenderse únicamente como un activo productivo y pasar a considerarse una infraestructura estratégica de adaptación al cambio climático. Caminos forestales resilientes, sistemas de drenaje, puentes, alcantarillas, restauración de cuencas y protección de bosque nativo permiten reducir los efectos de inundaciones, remociones de masa e incendios, asegurando la continuidad operacional y protegiendo a las comunidades rurales”, explica Vera Izquierdo.

La resiliencia no depende solo de grandes inversiones. Las pymes forestales pueden fortalecer su adaptación mediante mantención preventiva de caminos, monitoreo meteorológico, sistemas de alerta temprana, planificación de cosechas, control de erosión y una mayor coordinación con organismos públicos. Asimismo, la conservación de quebradas, franjas ribereñas y bosque nativo contribuye a estabilizar suelos y reducir inundaciones y deslizamientos. “Chile necesita una política permanente de resiliencia frente a eventos climáticos extremos que incorpore infraestructura preventiva en los territorios forestales, protegiendo el empleo, la conectividad y el desarrollo regional, siguiendo una lógica similar a la que impulsó su liderazgo en construcción antisísmica” indica el gerente general de Forestal Santa Blanca.


Compartir: