Durante décadas, el bosque chileno ha sido asociado casi exclusivamente a la producción de madera y celulosa. Sin embargo, existe un universo de productos que nacen entre árboles nativos, plantaciones y ecosistemas forestales, cuyo valor económico y social crece año tras año.

Se trata de los Productos Forestales No Madereros (PFNM), una actividad que hoy involucra a más de 200 mil personas y que abre nuevas oportunidades para las comunidades rurales.

El ingeniero forestal y director de proyectos del Instituto Forestal (Infor), Gerardo Valdebenito, quien coordina el área de Diversificación Forestal, explica que este concepto comenzó a consolidarse en Chile hace cerca de 25 años, cuando Infor impulsó las primeras investigaciones para identificar el potencial del país en este ámbito.

Siguiendo la definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los productos forestales no madereros corresponden a todos aquellos bienes provenientes de bosques, zonas arboladas y áreas asociadas, distintos de la madera. En esta categoría se encuentran frutos silvestres, semillas, plantas medicinales, hongos, cortezas, resinas y otros productos naturales con aplicaciones alimenticias, farmacéuticas, cosméticas e industriales.

"Cuando comenzamos a estudiar este rubro nos dimos cuenta del enorme potencial que tenía Chile. Desde entonces no hemos dejado de investigar y hoy vemos un sector mucho más consolidado y con grandes posibilidades de crecimiento", señala.

Actualmente Infor mantiene un catastro que reúne información de alrededor de 600 productos forestales no madereros, cifra que continúa aumentando conforme aparecen nuevos usos, mercados y emprendimientos.

Mercados globales

El crecimiento del sector también queda reflejado en sus cifras económicas. Según Valdebenito, las exportaciones de PFNM superan en promedio los US$80 millones anuales, mientras que el mercado interno representa aproximadamente cuatro veces ese monto.

Entre los principales productos exportados destacan el musgo Sphagnum magellanicum, el quillay, la rosa mosqueta, el boldo y diversas especies de hongos silvestres. A ellos se suman frutos como el maqui, semillas, cortezas y plantas medicinales que llegan a mercados altamente exigentes.

Estados Unidos, Taiwán, Alemania, Francia, Japón y, más recientemente, China, figuran entre los principales destinos de estas exportaciones.

No obstante, el especialista advierte que el verdadero desafío está en dejar de exportar materias primas para avanzar hacia productos con mayor elaboración. "Hoy cerca del 60% del negocio sigue sustentado en la venta de commodities. El gran desafío es agregar valor, desarrollar procesos industriales y capturar una mayor parte de esa riqueza dentro del país", sostiene.

Como ejemplo exitoso menciona el caso del quillay. Durante años Chile exportó únicamente su corteza, pero el desarrollo tecnológico permitió sintetizar localmente las saponinas, compuestos utilizados incluso en vacunas como las desarrolladas durante la pandemia del Covid-19.

Ese cambio permitió multiplicar el valor del producto, instalar nuevas industrias nacionales y generar empleos asociados a procesos de mayor sofisticación tecnológica.

Desarrollo rural

Otro de los desafíos que impulsa Infor es la domesticación de especies nativas, buscando pasar desde la recolección silvestre hacia sistemas productivos planificados que permitan abastecer mercados cada vez más grandes sin afectar los ecosistemas.

Ya existen avances importantes en especies como boldo, quillay, avellano chileno y murta, además de investigaciones para el cultivo de hongos silvestres y el desarrollo del pino piñonero.

Valdebenito también destaca la necesidad de fortalecer la organización de recolectores, promover cooperativas, formalizar emprendimientos y mejorar las políticas públicas para integrar plenamente estos productos en la gestión del bosque nativo.

Los incendios forestales representan otra amenaza importante para este sector. Además de afectar plantaciones destinadas a la madera, destruyen hábitats donde crecen hongos, plantas medicinales y otros recursos que constituyen el sustento de miles de familias rurales. En muchos casos, la recuperación de estos ecosistemas puede tardar entre seis y siete años.

Por ello, diversas empresas forestales e instituciones han comenzado a desarrollar programas de acreditación y capacitación de recolectores, quienes además cumplen un rol activo en la prevención y detección temprana de incendios, transformándose en aliados para la conservación del bosque.

Desde Acoforag destacamos que los productos forestales no madereros representan una de las mayores oportunidades para diversificar el sector forestal chileno, generar empleo local y aumentar el valor económico del bosque sin comprometer su conservación.



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