Por Antonio Lara, coordinador del Laboratorio de Invasiones Biológicas, Instituto de Ecología y Biodiversidad IEB-UdeC
La pérdida de biodiversidad ya no es una amenaza futura, sino una realidad con consecuencias ecológicas, económicas y sociales crecientes. El más reciente informe de IPBES - Plataforma Intergubernamental Científico Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas- identifica a las especies exóticas invasoras (EEI) como uno de los cinco impulsores directos de la pérdida global de biodiversidad.
Más de 37.000 especies exóticas han sido introducidas por actividades humanas, de las cuales alrededor de 3.500 generan impactos negativos significativos. Las especies exóticas invasoras han contribuido al 60% de las extinciones globales registradas de plantas y animales, siendo la causa exclusiva en cerca del 16% de ellas. Pero las especies invasoras no sólo afectan los ecosistemas naturales, también dañan la economía y reducen la calidad de vida de las personas. Solo en 2019, los costos económicos globales asociados a estas invasiones superaron los US$423.000 millones anuales, cifra que se ha cuadruplicado por década desde 1970.
Chile no es una excepción frente a esta amenaza global. Desde el castor en los bosques subantárticos hasta el visón, el jabalí, plantas invasoras y numerosos patógenos forestales, las EEI afectan ecosistemas terrestres y acuáticos, comprometiendo la conservación de la biodiversidad, la provisión de agua, la productividad y múltiples actividades económicas.
Están presentes en casi todos los ecosistemas del país: costas del Pacífico, ríos, lagos, bosques templados, zonas áridas, la cordillera de los Andes y la Antártica. En 2017 se estimó que Chile pierde al menos US$87 millones anuales por la presencia de siete especies (el castor, el conejo, el jabalí, el visón, la avispa chaqueta amarilla, la zarzamora y el espinillo), y que sin acciones de control las pérdidas superarían los US$2.000 millones en dos décadas. Estos costos son claramente una parte pequeña de los daños causados por las más de 1.000 especies exóticas asilvestradas en Chile.
Aunque Chile aún carece de una estimación consolidada de los costos económicos que generan las especies exóticas invasoras, la evidencia internacional demuestra que prevenir nuevas invasiones resulta considerablemente más eficiente y menos costoso que intentar controlarlas una vez establecidas.
La gestión de las especies exóticas invasoras ya no puede entenderse únicamente como un desafío ambiental. Es así como han surgido diversos llamados para adoptar una aproximación integral de bioseguridad. Esta debe basarse en una política de desarrollo, resiliencia territorial y seguridad ecológica. Su éxito dependerá de una acción coordinada entre el Estado, el sector productivo, las comunidades locales, los pueblos indígenas, la academia y la ciudadanía. La prevención, la detección temprana y la respuesta rápida siguen siendo las herramientas más costo-efectivas para proteger el patrimonio natural del que depende nuestro bienestar.
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