Preocupación existe entre las pequeñas y medianas empresas vinculadas al sector forestal del Biobío, luego de que las exportaciones del rubro registraran una caída de 10,2% en julio con respecto a igual mes del año pasado. De acuerdo con el último boletín del INE, la región exportó 399,4 millones de dólares durante el mes, de los cuales 207,7 millones de la moneda estadounidense correspondieron al sector forestal, un escenario que, según representantes del sector, ya está teniendo consecuencias en los pedidos, turnos de trabajo y funcionamiento de algunas unidades productivas.
René Muñoz, gerente de la Asociación de Contratistas Forestales AG (Acoforag), expresó que "los contratistas forestales somos el primer eslabón de la cadena de producción del sector forestal. Por lo tanto, cualquier disminución nos afecta directamente".
"Sin duda que el mercado internacional está muy decaído y eso hace que la actividad se resienta, y los números lo indican así. La reducción en el mes de julio marca un poco esa tendencia y creemos que eso va a continuar, dado que la globalización hace que los mercados internacionales incidan directamente en el comportamiento de nuestra exportación", añadió.
"En la Octava Región, el 40% de la actividad laboral está relacionada con el sector forestal y el 70% del movimiento de los puertos también está relacionado con este sector. Por lo tanto, cualquier caída o disminución en las exportaciones genera un efecto inmediato en la mano de obra", puntualizó.
"Si bien el dato de la caída en las exportaciones es un reflejo de la coyuntura, el problema de fondo que enfrentamos no se debe solo a la cifra de un mes en particular. La industria maderera y forestal, especialmente en la Región del Biobío, viene acumulando un impacto sostenido por una crisis económica generalizada y una contracción estructural de la cual las pymes son la cara más vulnerable", señaló Victor Sandoval, coordinador de Futuro Madera y presidente regional de Pymemad.
"Hoy observamos un escenario muy complejo: la menor demanda en el mercado internacional, sumada al estancamiento de la construcción nacional y de los aserraderos, se traduce en una caída directa en las ventas y pedidos para la red de pymes de la zona", dijo.
"Estas no trabajan aisladas; cuando cae la actividad exportadora y disminuye la producción, cae toda la cadena de valor: los contratos de servicio, la producción de insumos y, lamentablemente, el funcionamiento de plantas. Esta baja de pedidos e incertidumbre constante ha forzado a muchas unidades productivas a disminuir sus turnos o directamente suspender operaciones", apuntó.
"Las consecuencias son concretas y dolorosas para el empleo y la economía local. El eslabón más débil de esta cadena son las pymes, que representan casi la mitad del patrimonio de plantaciones, pero sufren directamente los efectos de la menor actividad. Para graficar la magnitud del problema: sólo en los últimos cinco años se registra el cierre de cerca de 200 aserraderos en la región y el país", explicó.
"Esto impacta de lleno en los ingresos de las empresas proveedoras, que ven ahogada su caja y su capacidad de subsistencia. Y su correlato social inmediato es la pérdida de puestos de trabajo de calidad en comunas rurales e industriales del Biobío", dijo.
CORMA
Alejandro Casagrande, presidente de Corma, sostuvo que "una disminución en las exportaciones forestales es una señal de preocupación para el Biobío. Las propias empresas han informado de un escenario internacional más exigente, marcado durante el primer semestre por una menor demanda de nuestros productos de exportación en algunos mercados, especialmente China y Estados Unidos".
Fuente: La Estrella de Concepción
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