En Cabrero, Región del Biobío, Roberto Bravo ha convertido la madera en su medio de expresión más profundo. Músico y artesano autodidacta, encontró en los trozos descartados un camino para unir arte, historia y naturaleza. Participante del programa Emprendamos de FOSIS Biobío, ha logrado proyectar su oficio combinando creatividad y sostenibilidad.

“Cada trozo de madera tiene energía. Transformar lo que iba al fuego en algo útil o decorativo es mi motivación”, comenta. En sus obras —que van desde tablas y mesones hasta tallados que evocan la vida rural chilena— deja visibles las marcas del cuchillo, símbolo del paso de sus manos e historia. Muchas de sus piezas han llegado a países como EE.UU., Australia y Japón.

Durante la pandemia retomó el tallado, compatibilizando su pasión con la música gracias al uso de guantes anticorte. “Todo es creatividad. Tallar y tocar son expresiones que se alimentan entre sí”, afirma. Para él, el reciclaje es más que una técnica: es una filosofía. “Respetar los árboles y reforestar es cultura. Debemos inculcar ese valor en las nuevas generaciones”, sostiene.

El apoyo del FOSIS le devolvió la confianza en el Estado y le permitió fortalecer su emprendimiento. “Más que el financiamiento, valoro el acompañamiento humano. Me ha dado una nueva energía”, dice. A sus más de 50 años, sueña con exponer su obra y seguir el ejemplo de Zerreitug, su referente en talla e historia. “Mi mejor obra todavía no la empiezo”, afirma con convicción.

Desde FOSIS Biobío, su director Richard Carrillo Oporto destacó que la madera reciclada representa una oportunidad de sostenibilidad y valor cultural. Y desde Acoforag se reconoce el trabajo de Roberto Bravo, quien demuestra que la sustentabilidad también se talla con las manos y el alma.

La nota en la Revista Contratistas Forestales


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