Por Juan Pedro Elissetche Martínez, ingeniero forestal, Dr. en Ciencias Biológicas mención Botánica
La infraestructura urbana suele entenderse como un conjunto de redes viales, sanitarias y energéticas, mientras el arbolado queda relegado a una función ornamental. Sin embargo, desde una perspectiva silvicultural, los árboles urbanos constituyen infraestructura verde, capaz de entregar servicios ecosistémicos cuantificables: regulación microclimática, reducción de islas de calor, captura de material particulado, control de escorrentía, secuestro de carbono y beneficios sobre la salud y la calidad de vida.
En un escenario marcado por olas de calor y eventos climáticos extremos, esta función adquiere un carácter estratégico para la adaptación de las ciudades al cambio climático.
Uno de los principales desafíos es la selección adecuada de especies. Parte importante del arbolado urbano fue establecido bajo criterios ornamentales, sin considerar suficientemente las condiciones del sitio. Esto puede generar individuos con limitado desarrollo de copa y raíces, además de estrés hídrico frente a la sequía.
La selección debe considerar crecimiento, arquitectura de copa y raíces, tamaño adulto, disponibilidad de agua, calidad del suelo, exposición a contaminantes y espacio disponible. También debe contemplar la coexistencia con infraestructura aérea y subterránea. La falta de planificación en estos aspectos sigue siendo una brecha relevante en numerosas comunas.
Otro desafío es la gestión municipal. La ausencia de catastros arbóreos actualizados, planes de manejo y personal especializado puede derivar en prácticas inadecuadas, como la poda drástica o “desmoche”, que afecta la arquitectura, reduce la vitalidad y puede aumentar el riesgo de fallas estructurales. La evaluación periódica del riesgo arbóreo debiera formar parte de los programas permanentes de mantención.
En este contexto, la ingeniería forestal cumple un papel fundamental en el diagnóstico fitosanitario y estructural, la selección de especies, el diseño de planes de manejo y la capacitación de equipos responsables de podas y evaluaciones.
La creación del Servicio Nacional Forestal (Sernafor) incorpora además un nuevo marco institucional, con funciones explícitas relacionadas con el arbolado urbano y el apoyo técnico a municipios y gobiernos regionales.
El desafío es avanzar desde una visión ornamental hacia una gestión profesional. Diversificar especies, asegurar espacio radicular, capacitar equipos e integrar los árboles desde el diseño urbano permitirá construir ciudades más resilientes. El arbolado urbano no es sólo paisaje: es infraestructura verde y requiere planificación, inversión y rigor técnico.
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