Durante años, las plantaciones forestales han estado en el centro de una discusión que suele dividir posiciones entre producción y conservación. Sin embargo, una investigación desarrollada en el centro-sur de Chile propone mirar estos ecosistemas desde otra perspectiva y poner atención en aquello que muchas veces queda oculto bajo el dosel de los árboles.
El estudio “Diversidad de plantas del sotobosque en plantaciones de Pinus radiata en Chile: El papel de los atributos estructurales del rodal” fue desarrollado por la Mg. Natalia Gertner, junto a los investigadores Dr. Rodrigo Vargas, Dr. Andrés Fuentes, Rafael Rubilar, Juan Pedro Elissetche y Christian Salas en un trabajo colaborativo entre académicos y profesionales vinculados a la Universidad de La Frontera y la Universidad de Concepción. Gertner, ingeniera en recursos naturales y magíster en Manejo de Recursos Naturales de la Universidad de La Frontera, explica que la investigación se inserta en una línea de trabajo vinculada a la restauración de ecosistemas.
La motivación surgió, entre otros factores, de la necesidad de comprender cómo mantener la biodiversidad en paisajes donde la actividad productiva forestal tiene una presencia relevante y seguirá siendo importante.
El trabajo se desarrolló en dos sectores del centro-sur de Chile, uno en Biobío, en una zona cercana a Nacimiento, y otro en La Araucanía, próximo a Temuco. Ambos lugares tenían como característica la presencia dominante de plantaciones y pequeños parches de bosque nativo insertos en la matriz productiva.
Biodiversidad oculta
Los resultados entregaron uno de los principales hallazgos de la investigación: las plantaciones estudiadas mantenían entre un 43% y un 60% de la diversidad de plantas nativas registrada en los bosques nativos adyacentes utilizados como referencia.
El sotobosque —todo aquello que crece bajo el dosel de la plantación— mostró una diversidad que incluyó especies arbóreas y otras formas de vegetación. Entre ellas se registraron roble, avellano, radal, lingue y maqui, además de otras especies de plantas, enredaderas y vegetación propia de cada territorio.
Para Gertner, estos resultados permiten cuestionar la idea de que las plantaciones son necesariamente “desiertos verdes”, concepto utilizado para describir lugares donde aparentemente solo existirían pinos.
La investigadora aclara que existen condiciones en las que efectivamente resulta difícil que otras especies se establezcan, debido, por ejemplo, a las características del suelo y otros factores ambientales. Pero también existen escenarios donde las condiciones permiten que plantas nativas lleguen, germinen y se desarrollen.
En este proceso cumplen un papel fundamental los parches de bosque nativo. Estos actúan como fuente de semillas y otros propágulos que alcanzan las plantaciones y pueden encontrar allí condiciones adecuadas de luz, humedad y nutrientes para establecerse.
Manejo futuro
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue identificar que la estructura del rodal constituye un predictor significativo de la diversidad vegetal. Las variables relacionadas con densidad de árboles, área basal, altura y diámetro a la altura del pecho mostraron una relación importante con la biodiversidad encontrada en el sotobosque.
En términos generales, las plantaciones estructuralmente más abiertas presentaron una mayor riqueza de plantas. Una mayor entrada de luz y una estructura menos homogénea parecen generar condiciones favorables para el establecimiento de especies nativas.
Sin embargo, Gertner advierte que “estos resultados no deben traducirse automáticamente en recomendaciones de manejo. El estudio corresponde a un caso acotado a dos sectores del centro-sur de Chile y, por lo tanto, no permite afirmar que una determinada práctica, como aumentar los raleos, vaya necesariamente a producir mayor biodiversidad”.
Precisamente, esa es una de las preguntas que abre la investigación hacia el futuro: determinar de qué manera las prácticas silvícolas pueden influir concretamente en la diversidad vegetal.
La investigadora destaca además la importancia de abordar el manejo a escala de paisaje y no únicamente considerando cada rodal de manera aislada. “La integración de los bosques nativos y la existencia de distintos tipos de cobertura pueden contribuir a mantener una mayor diversidad y, con ello, fortalecer la resiliencia de los ecosistemas”.
El hallazgo también resultó significativo desde una perspectiva personal para Gertner, porque demuestra que productividad y conservación no necesariamente tienen que ser conceptos incompatibles. De hecho, una de las sorpresas del estudio fue comprobar que plantaciones manejadas con objetivos productivos, y que presentaban menor densidad de árboles, podían favorecer simultáneamente una mayor diversidad vegetal.
El desafío ahora es profundizar en esa relación y determinar qué herramientas de manejo pueden contribuir a generar sistemas productivos más complejos y ecológicamente multifuncionales.
Desde Acoforag, valoramos este estudio porque aporta evidencia local a una discusión que requiere más investigación y menos simplificaciones, mostrando que producción forestal y biodiversidad pueden ser parte de una misma conversación.
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