El carpintero negro o carpintero magallánico (Campephilus magellanicus) no solo es una de las aves más emblemáticas de los bosques templados australes de Chile, sino también un indicador ecológico de alto valor para evaluar la salud de estos ecosistemas. Así lo demuestra un estudio realizado por científicos nacionales, quienes analizaron la relación entre la actividad de forrajeo de esta especie y la diversidad de escarabajos que habitan en la madera en descomposición en árboles vivos.
Publicado por la revista Insect Conservation and Diversity, el trabajo evaluó si los árboles seleccionados por los carpinteros para alimentarse concentran una mayor riqueza de insectos saproxílicos, organismos clave para el reciclaje de nutrientes y el funcionamiento del ecosistema forestal. Los resultados confirmaron que se trata de una estrategia asociada con el estado interno de la madera y no a un comportamiento aleatorio.
El estudio identificó que las comunidades de escarabajos presentes en los árboles excavados incluyen diversos grupos funcionales -agrupación de especies que cumplen roles similares en un ecosistema-, como depredadores, micófagos y barrenadores. Las especies de estos grupos funcionales interactúan entre sí y con el sustrato leñoso, configurando una red ecológica sensible a variaciones ambientales como la temperatura, la humedad y la estructura del bosque.
“La abundancia y riqueza taxonómica de escarabajos depredadores, barrenadores de madera y micófagos fue mayor en secciones donde los carpinteros magallánicos forrajearon. Esta conducta del carpintero negro actúa como un indicador biológico de alto valor, un termómetro de la salud forestal”, dijo Silvio Crespin, académico investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía de la Universidad de Las Américas y co-autor del artículo.
La exploración se desarrolló en 22 parcelas de bosques nativos del sur de Chile, donde se analizaron 132 árboles vivos, la mitad con evidencias recientes de forrajeo por carpinteros y la otra mitad utilizados como control. Durante 15 meses se recolectaron escarabajos a fin de comparar de manera sistemática la biodiversidad presente en ambos tipos.
En total se registraron 297 especies de escarabajos de madera, de las cuales 257 se encontraron en troncos excavados por carpinteros, frente a 159 en el grupo control, confirmando que su actividad señala los puntos de mayor diversidad biológica del bosque. “Al monitorear la presencia y la actividad de forrajeo del carpintero negro, estamos obteniendo una medición indirecta y fiable de la salud de toda la comunidad de insectos descomponedores”, señaló Crespin.
El trabajo convocó a investigadores de diversas instituciones chilenas e internacionales, originándose con el proyecto ANID-Fondecyt 1231806 en la Universidad de Santiago de Chile (USACH), con colaboración del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y CONAF, más el apoyo internacional del Laboratorio de Conservación Biológica y Ecología Aplicada del Instituto de Investigaciones Tropicales de El Salvador (El Salvador).
La red ecológica de la madera en descomposición
Los escarabajos saproxílicos, dependientes de madera muerta o en distintos estados de descomposición, representan una fracción significativa de la biodiversidad de insectos forestales. Estos organismos se encargan de liberación de nutrientes y el sostenimiento de redes tróficas complejas, que incluyen hongos, otros insectos y vertebrados.
De acuerdo con el estudio, las comunidades de escarabajos presentes en los árboles configuran una red ecológica sensible a variaciones ambientales como la temperatura y la humedad. El grado de descomposición de la madera también influye en la diversidad de los gremios: mientras los barrenadores cumplen un rol facilitador en las etapas iniciales, la descomposición más avanzada favorece a predadores y micófagos, aumentando el atractivo para los carpinteros.
Crespin explica que parámetros como los índices de sequía y el diámetro de los árboles también modifican la selectividad del carpintero y alteran la estructura de la red ecológica. “La estabilidad de esta relación, que transita desde la madera muerta, pasa por los insectos, y culmina en el carpintero, es extremadamente vulnerable a las presiones ambientales. Al romperse esta cadena, se impacta directamente la capacidad de regeneración del ecosistema”.
Implicancias para la conservación forestal
Los resultados tienen implicancias directas para las estrategias de conservación y manejo de los bosques templados australes, plantean los investigadores. Al confirmar que el carpintero magallánico actúa como un indicador de la diversidad de escarabajos saproxílicos, proponen su uso como especie paraguas para proteger a los microorganismos de la madera en descomposición, así como a organismos que utilizan microhábitats creados en la madera muerta por el efecto combinado entre insectos y carpinteros.
Según Silvio Crespin, los hallazgos advierten que la degradación forestal y el cambio climático ejercen un control desde la base de estas redes ecológicas, acelerando ciertos procesos de descomposición, pero poniendo en riesgo a especies que sostienen el funcionamiento del ecosistema. “La madera en descomposición no es un ‘desperdicio’ o un riesgo a ser removido. Es un recurso vital que impulsa la biodiversidad y la salud del ecosistema”. De hecho, la Ley N° 20.283 sobre recuperación del bosque nativo no establece los niveles de madera muerta que son críticos para la conservación de especies saproxílicas como el carpintero, los hongos descomponedores y los coleópteros que viven en la madera.
El estudio sugiere que las políticas forestales incorporen este conocimiento, promoviendo la conservación de árboles viejos y con deterioro interno, así como el monitoreo de la sucesión postexcavación para comprender mejor el rol del carpintero negro como ingeniero ecosistémico. En el contexto de cambio climático, proteger esta especie permitirá monitorear procesos ecológicos invisibles para evaluar la salud de los bosques.
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