No cabe duda de que un cambio de gobierno —y más aún, uno que representa un giro político de 180 grados— abre expectativas y despierta en el sector forestal legítimas esperanzas de cambio.

Durante los últimos 12 a 13 años, la actividad forestal en Chile ha quedado atrapada entre la inseguridad pública, atentados de carácter terrorista, una casi nula forestación, incendios intencionales, escasa inversión en proyectos industriales y un alejamiento sostenido del Estado, que ha dejado de promover al sector como uno de los principales motores verdes de la economía nacional.

Este distanciamiento se ha profundizado aún más con marcos regulatorios que resultan difíciles de comprender. Un ejemplo elocuente es la Ley de Cambio Climático, que establece que los monocultivos no son sumideros de CO2. En la práctica, esto equivale a afirmar por ley que especies como el pino y el eucalipto no realizan fotosíntesis, una definición que contradice la evidencia científica y debilita el aporte del sector a la mitigación del cambio climático.

Esta situación no puede continuar. Es imperativo que las nuevas autoridades asuman un rol protagónico, orientado a recuperar el tiempo perdido y a relevar la importancia estratégica tanto de los bosques plantados como de los bosques nativos, incorporándolos de manera efectiva en la ecuación que permita a Chile avanzar hacia la carbono neutralidad al año 2050.

Para ello, es necesario abordar una serie de tareas pendientes, que esperamos comiencen a activarse con el nuevo gobierno:

1. Seguridad en los territorios.

Sin seguridad pública no hay trabajo, y sin trabajo no existe inversión. La estabilidad es una condición básica para el desarrollo de las regiones del sur del país y para la reactivación del sector forestal.

2. Fomento a la forestación con especies exóticas y nativas.

Es urgente retomar políticas de Estado exitosas, como el D.L. 701, actualizándolas y enfocándolas en pequeños y medianos propietarios, quienes cumplen un rol clave en la recuperación de superficies forestales.

3. Incendios forestales.

La intencionalidad sigue siendo un factor predominante, agravado por eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes. Se requiere una legislación moderna que aborde de manera integral la prevención, el combate, la investigación y la recuperación de los bosques destruidos por el fuego, aspectos hoy insuficientemente regulados.

4. Manejo responsable del bosque nativo.

Existe un enorme potencial productivo en 3 a 4 millones de hectáreas de renovales de bosque nativo. Su manejo sustentable permitiría producir maderas nobles para muebles, puertas, ventanas y molduras, generando empleo y actividad económica en zonas rurales y apartadas.

5. Promoción de la construcción en madera.

Chile enfrenta un déficit habitacional estimado entre 600.000 y 1.000.000 de viviendas. La madera ofrece ventajas claras: sostenibilidad, rapidez constructiva, durabilidad, resistencia, eficiencia energética y una menor huella de carbono frente al hormigón y el acero.

Estas cinco tareas son fundamentales si aspiramos a un sector forestal dinámico, moderno y resiliente, capaz de responder a los desafíos actuales. Los bosques plantados y los bosques nativos deben transformarse en el motor del desarrollo y en la base para la consolidación de un sector que ha sido injustamente maltratado, tanto por la opinión pública como por el propio Estado de Chile.

La editorial en la Revista Acoforag


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