Las termitas de la madera seca son un enemigo silencioso. Se instalan dentro de vigas, muebles o marcos sin dejar rastro visible durante meses —incluso años— hasta que aparecen las primeras señales: pequeños montículos de polvo o gránulos que delatan una infestación avanzada. Para entonces, el daño estructural ya puede ser significativo y costoso de reparar.

Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Riverside está explorando una alternativa innovadora para enfrentar este problema: aprovechar el olor natural del pino para atraer a las termitas hacia zonas tratadas con insecticida, aumentando así la eficacia del control.

Un “engaño” basado en el olfato

La clave está en compuestos llamados alfa-pineno y beta-pineno, presentes en muchas coníferas y responsables del característico aroma a bosque. Para las termitas, este olor no es solo agradable: funciona como una señal asociada al alimento.

En pruebas de laboratorio, los científicos observaron que al incorporar estos compuestos en la madera tratada, más termitas se desplazaban hacia las áreas con insecticida. El resultado fue claro: la mortalidad aumentó desde cerca de un 70% con insecticida solo, a más del 95% cuando se combinó con pineno.

Un desafío difícil de detectar

El estudio se centró en la especie Incisitermes minor, conocida por su capacidad de vivir completamente dentro de la madera, sin contacto con el suelo. Esto la convierte en una plaga especialmente compleja, ya que sus colonias pueden permanecer ocultas en galerías internas sin señales externas evidentes.

En su entorno natural, estas termitas cumplen un rol ecológico importante al descomponer madera muerta. Sin embargo, en entornos urbanos no distinguen entre un tronco caído y una estructura habitacional.

Fumigación: efectiva, pero con costos

Hasta ahora, una de las soluciones más utilizadas frente a infestaciones severas ha sido la fumigación estructural con fluoruro de sulfurilo. Si bien es efectiva, implica desalojar completamente la vivienda y sellarla durante el proceso.

Además, estudios recientes advierten que este gas tiene una larga permanencia en la atmósfera y un alto potencial de calentamiento global, lo que ha generado preocupación en términos ambientales. A esto se suma que no deja protección residual, por lo que las reinfestaciones son posibles.

Más precisión, menos impacto

La nueva estrategia apunta a mejorar técnicas localizadas, como el método de “taladrar e inyectar”, donde el mayor desafío es alcanzar exactamente la zona donde se concentra la colonia.

Al usar pineno como atrayente, los investigadores lograron que más termitas se desplacen hacia los puntos tratados, aumentando la efectividad sin necesidad de intervenir toda la estructura. Esto abre la puerta a reducir el uso de químicos a gran escala.

Eso sí, el insecticida utilizado —como el fipronil— también requiere precaución, ya que puede afectar a otros organismos si no se maneja adecuadamente. En este caso, su aplicación dentro de la madera ayuda a limitar el impacto ambiental.

¿Solución lista para el hogar?

Por ahora, esta técnica sigue en مرحلة experimental y requiere validación en condiciones reales. Además, su efectividad podría variar según la especie de termita o el tipo de infestación.

Aun así, el enfoque marca una tendencia clara: comprender el comportamiento de las plagas puede ser tan importante como el producto utilizado para controlarlas.

Para quienes enfrentan este problema, la recomendación sigue siendo actuar temprano. La aparición de residuos similares a aserrín, alas desprendidas o daños localizados en madera son señales de alerta. Consultar con especialistas y evaluar distintas alternativas —desde tratamientos localizados hasta fumigación— sigue siendo clave.

Lo que cambia ahora es la perspectiva: el futuro del control de termitas podría no estar en usar más químicos, sino en usarlos mejor.

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