Luego de que el tercer operativo consecutivo al interior de la denominada comunidad autónoma de Temucuicui, realizado en la madrugada del 19 de mayo, permitiera la detención de Jorge Huenchullan, autoridades y analistas han sido cautos respecto de que el descabezamiento de las organizaciones radicalizadas pueda significar una pérdida de adherentes o su desarticulación.
Por el contrario, las voces consultadas coinciden en que los recientes golpes policiales han revelado la irrupción de nuevos y jóvenes integrantes de estas organizaciones delictuales, lo que permite hablar de una “renovación” de sujetos disponibles para cometer atentados.
Si bien Francisco Ljubetic, exfiscal regional de La Araucanía y actual delegado presidencial en esa zona, resalta la cifra de detenidos ligados a las organizaciones radicalizadas, advierte la presencia de nuevas camadas, lo que hace difícil determinar cuántas personas todavía las integran. “Si uno revisa los datos que tenemos a la fecha, hay aproximadamente 80 personas, vinculadas a las distintas facciones que han cometido hechos de violencia, que están en prisión preventiva o cumpliendo condena efectiva”, destaca.
Agrega que “hay informaciones que se están manejando a nivel de las inteligencias policiales y también del Ejército que dan cuenta que todavía quedan integrantes activos en las distintas orgánicas. Además, es posible afirmar que se han ido renovando algunas de aquellas, precisamente con gente joven que se ha ido incorporando”. A modo de ejemplo, menciona a uno de los detenidos en el operativo del 6 de mayo en Temucuicui, el cual quedó en prisión preventiva.
“Con sus 18 años, permite afirmar que hay una suerte de renovación. Desde el punto de vista policial, se tiene certeza y confirmación de ello. Por lo mismo, las búsquedas se orientan en esa línea”, recalca el delegado presidencial.
Ljubetic hace notar que “desde que comenzaron los hechos de violencia, hace más de 28 años, el tiempo ha pasado para todos y aquellos que antes eran niños ahora, desde la perspectiva de lo que pretenden, han tomado decisiones, de seguir participando en estas orgánicas violentistas. Es un hecho de la causa. Así como hay algunos que han envejecido, hay gente joven que los reemplaza”, dice.
“Vinculados al lucro”
Pablo Urquizar, excoordinador de seguridad de la macrozona sur y actual encargado del Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo (Ocrit) de la U. Andrés Bello, coincide con el rejuvenecimiento de los grupos radicalizados, pero plantea las diferencias con quienes los antecedieron. “Los cabecillas originales de estas orgánicas tienen un vínculo más ideológico al justificar sus acciones delictuales. En cambio, sus sucesores, que son cuadros más jóvenes, están vinculados más al lucro y, por lo tanto, se relacionan más con el crimen organizado”.
Respecto de cómo se concreta el reclutamiento de los nuevos activistas, expone que “estas orgánicas reciben a todos aquellos que sirvan para concretar sus propósitos, sean parte de su entorno o provengan desde fuera. Hay que pensar en los casos de Pablo Marchant (miembro de la CAM fallecido en 2021 en un ataque armado), que no era mapuche y venía de Renca; o de Emilio Berkhoff (exintegrante de la CAM y luego militante de Weichan Auka Mapu, condenado en 2022), quien tampoco tenía ningún nexo y emergió desde el mundo universitario”, plantea.
“Supervivencia”
Neftalí Carabantes, exsubsecretario de Carabineros, y director del Centro de Estudios en Seguridad de la U. Central, comenta que “integrar nuevos miembros, incluidos menores de edad, forma parte de una estrategia de supervivencia armada”. Agrega que “al ser detenidos líderes históricos, como Héctor Llaitul, en el caso de la CAM, la organización necesita renovar con urgencia sus mandos operativos, para mantener sus acciones delictivas y no perder su relevancia política”.
Fuente: El Mercurio
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