En una conversación con Andrea Obaid en el programa Tu Nuevo ADN, el doctor en hidrología y académico de la Universidad de Chile y de la Universidad de Talca, Roberto Pizarro, entregó un descarnado y profundo diagnóstico sobre el comportamiento de los ríos y el suelo nacional durante los últimos temporales. Frente a las dramáticas imágenes de aluviones e inundaciones que azotan al país, el especialista advirtió sobre una peligrosa pérdida de la memoria histórica en la sociedad y en el Estado, apuntando que catástrofes similares ya ocurrieron con anterioridad en años como 1984, 1987, 1997, 2015 y 2023.

A juicio del experto, la respuesta reactiva de Chile ante estos eventos obedece a una deficiencia estructural de financiamiento científico y a la alarmante falta de datos locales para anticipar el comportamiento de las cuencas hidrográficas.

Pizarro comenzó describiendo la singularidad de la geografía nacional, calificando a Chile como un país “algo raro” debido a su estrecha franja de tierra que desciende abruptamente desde la cordillera de Los Andes hasta el mar. “En 120 kilómetros de promedio de ancho, cae 6.000 y tantos metros desde la cordillera (...), somos un tobogán que va hacia el mar”. Esta configuración da origen a lo que el especialista define como cinco países distintos desde el punto de vista hidrológico: un norte hiperárido, una zona semiárida en la zona central, una transición húmeda en el sur, un extremo lluvioso y el semiárido frío de la Patagonia. Debido a esta extrema diversidad, alertó que “en Chile los promedios no existen” y utilizarlos para la planificación de políticas públicas induce a graves errores.

El gran nudo crítico para el especialista radica en la ausencia de datos y de inversión en ciencia. Mientras Chile invierte apenas entre un 0,34% y un 0,41% de su PIB en ciencia y tecnología —muy por debajo del 2,5% promedio de los países de la OCDE—, el presupuesto destinado a la investigación del agua es ínfimo. El Comité Chileno para el Programa Hidrológico de la UNESCO revela que el país aporta solo el 0,0025% de los recursos públicos al agua, a pesar de que la actividad ligada al recurso hídrico representa el 60% del PIB de Chile. Frente a esta carencia, Pizarro propuso una receta categórica para el mundo político:

“¿Cuáles diría usted que son los tres primeros elementos que hay que hacer? Tomar datos, tomar datos, tomar datos. Porque ocurre que a partir de eso le vamos a poder transferir al mundo político aspectos para que generen a la vez políticas públicas coherentes”.

El colapso del “umbral de escorrentía” y la negligencia urbana

El hidrólogo explicó detalladamente por qué los terrenos que ya soportaron lluvias continuas representan un riesgo latente de nuevos desastres durante el resto del invierno. Esto se debe a un concepto técnico clave denominado “umbral crítico de escorrentía”, definido como “la cantidad de lluvia necesaria para que los suelos empiecen a escurrir” cuando ya no tienen capacidad de absorber más agua.

Al inicio de la temporada de lluvias, un suelo seco y con cobertura vegetal puede retener entre 30 y 40 mm de precipitación antes de saturarse. Sin embargo, tras los temporales, el suelo queda saturado y este umbral cae drásticamente a 10 mm o incluso menos. Esto significa que cualquier lluvia posterior, por mínima que sea, se transforma inmediatamente en flujos de escorrentía, provocando movimientos en masa y sedimentos que le otorgan al agua el característico color chocolate.

No obstante, el académico enfatizó que el origen de los desastres no se debe atribuir únicamente al cambio climático, sino principalmente a una grave falta de ordenación territorial y a la presión del lobby inmobiliario que edifica en dunas, cerros o zonas de inundación. Al respecto, Pizarro denunció casos de negligencia, como la actual edificación de un casino en Talca sobre un humedal y una zona que se inundó hace apenas dos años. Ante esto, fue tajante en su advertencia:

“La naturaleza cada cierto tiempo nos recuerda que es la dueña del territorio y si no tenemos conciencia de eso, obviamente que van a venir estos fenómenos”.

La doble cara del temporal: El alivio a la sequía de 16 años

Pese al drama social y habitacional de los damnificados, el experto rescató la “cara positiva” de estas intensas precipitaciones en el contexto de la sequía de 16 años que ha azotado al territorio nacional. El temporal ha permitido que importantes embalses comiencen a recuperarse —por ejemplo, el embalse Paloma en el norte ya se encuentra cerca del 20% de su capacidad— y ha impulsado la filtración de agua hacia las napas subterráneas y acuíferos, asegurando reservas vitales para la agricultura y el consumo humano durante el verano.

No obstante, Pizarro llamó a la cautela sobre casos emblemáticos como el del río Petorca, que pasó de ser el símbolo de la sequía a recuperar un caudal impresionante, advirtiendo que el sobreuso productivo y las falencias del código de aguas podrían volver a dejarlo seco hacia fines de año.

Fuente: ADN Radio


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