Una nueva herramienta tecnológica busca fortalecer la protección fitosanitaria de la industria forestal chilena frente a Hylurgus ligniperda, conocido como escarabajo de la corteza del pino. Se trata de Lignitrap, un atrayente desarrollado por investigadores de INIA Quilamapu que entrará ahora en una etapa de validación y escalamiento para su utilización en sistemas de detección y manejo de esta plaga.
La iniciativa obtuvo financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y será ejecutada durante 24 meses. El proyecto es encabezado por INIA Quilamapu, en la Región de Ñuble, junto al Consorcio de Protección Fitosanitaria Forestal S.A. (CPF) y la empresa Biobichos.
El primer hito de esta nueva fase fue la conformación del comité directivo, instancia que reunirá las capacidades científicas, tecnológicas y productivas necesarias para avanzar desde el desarrollo experimental hacia una solución con potencial de aplicación en terreno.
Lignitrap fue desarrollado en Chillán por el Laboratorio de Ecología Química de INIA Quilamapu. Su funcionamiento se basa en atraer específicamente a Hylurgus ligniperda hacia trampas, permitiendo contar con una herramienta que pueda utilizarse tanto para monitorear la presencia del insecto como para contribuir a su manejo.
Un desafío para el comercio exterior
La importancia del proyecto está directamente relacionada con los riesgos que esta especie representa para el sector forestal, particularmente en las operaciones de exportación.
El gerente de CPF S.A., Claudio Goycoolea, explicó que uno de los objetivos es disponer de una trampa que incorpore el atrayente y permita actuar de manera específica sobre la especie.
El ejecutivo señaló que el mayor impacto se produce cuando el insecto es detectado en cargas destinadas a mercados internacionales. Según explicó, Hylurgus ligniperda puede desplazarse como polizón en embarques de productos forestales, atraído por compuestos químicos asociados a la madera.
Aunque el insecto no se alimenta de madera aserrada, su presencia puede generar exigencias adicionales para las exportaciones y obligar a cumplir medidas de control y certificación fitosanitaria establecidas para el ingreso de productos forestales a distintos mercados.
Goycoolea recordó, como antecedente, un episodio ocurrido en 2006 con México, cuando la detección de insectos vivos en un embarque derivó en la pérdida de una nave completa.
Ciencia aplicada al comportamiento de la plaga
El proyecto incorpora principios de ecología química, área de investigación que estudia las interacciones mediadas por señales químicas entre organismos.
Ricardo Ceballos, investigador de INIA Quilamapu y director de la iniciativa, explicó que este conocimiento permite aprovechar las respuestas naturales de los insectos para diseñar herramientas de monitoreo y control.
La estrategia busca avanzar hacia métodos que reduzcan la dependencia de insecticidas, utilizando señales de atracción o repulsión presentes en las interacciones entre los insectos y las plantas.
Desde esta perspectiva, Lignitrap pretende transformar conocimiento científico desarrollado en laboratorio en una solución tecnológica aplicable al sector productivo, combinando protección de las exportaciones con una aproximación de menor impacto ambiental.
El director regional de INIA Quilamapu, Rodrigo Avilés, destacó que la iniciativa representa una alianza entre investigación y sector privado para abordar un desafío que tiene incidencia tanto en la actividad forestal como en el comercio exterior.
El comité directivo quedó conformado por Claudio Goycoolea, como presidente; Ricardo Ceballos, como director; Natalí Fernández, como secretaria; además de Rodrigo Avilés y Marcos Gerding, en representación de INIA Quilamapu y Biobichos, respectivamente.
Durante los próximos dos años, el desafío será validar el desempeño de Lignitrap y avanzar hacia su eventual masificación como una herramienta para la vigilancia y manejo de Hylurgus ligniperda en el sector forestal chileno.
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