La conservación de la güiña enfrenta un escenario que obliga a ampliar la mirada. Proteger los bosques donde habita ya no es suficiente para asegurar la permanencia de uno de los felinos silvestres más pequeños de América.

Ese fue uno de los principales planteamientos surgidos del Seminario Binacional “Avances y desafíos para la conservación de la güiña en Chile y Argentina: presente y futuro”, realizado el viernes 28 de agosto en el Campus San Joaquín de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El encuentro fue organizado por el Güiña Working Group (GWG) y reunió a investigadores, representantes de organismos públicos, académicos y organizaciones vinculadas a la conservación de la biodiversidad de ambos países.

Durante la jornada se abordó el estado actual de la especie y los principales desafíos que deberá enfrentar su conservación durante los próximos años. El programa incluyó presentaciones sobre el trabajo desarrollado por el GWG, la nueva categorización de la güiña, estudios genéticos, monitoreo y experiencias de conservación en Argentina.

También se analizaron fenómenos que están modificando los territorios donde sobrevive la especie, entre ellos la transformación de los bosques y la fragmentación del paisaje, junto con los factores sociales que resultan determinantes para avanzar hacia una convivencia entre las comunidades humanas y la fauna silvestre.

Una especie que sobrevive en paisajes transformados

Uno de los principales desafíos planteados durante el seminario fue reconocer que la güiña ya no habita exclusivamente ecosistemas boscosos continuos y poco intervenidos.

La especie también utiliza paisajes rurales y productivos, áreas fragmentadas y sectores cercanos a asentamientos humanos. Esta capacidad de desplazarse y sobrevivir en ambientes modificados genera nuevas oportunidades para su conservación, pero también expone a la güiña a un conjunto de amenazas que ocurren fuera de las áreas tradicionalmente consideradas prioritarias para la protección de la biodiversidad.

Carreteras, pérdida de conectividad entre fragmentos de bosque, expansión de asentamientos humanos y presencia de perros y gatos forman parte de un escenario que debe ser abordado de manera integral.

La conservación, por lo tanto, requiere considerar el territorio como un sistema conectado, donde las decisiones sobre infraestructura, producción, desarrollo urbano y manejo del paisaje pueden tener consecuencias directas sobre la supervivencia de la especie.

De un diagnóstico común a una agenda de acción

El seminario no se limitó a la presentación de investigaciones. Durante la tarde se desarrolló una mesa de trabajo participativa destinada a identificar y priorizar las principales amenazas que enfrenta la güiña en diferentes zonas geográficas.

En la instancia participaron 32 representantes de servicios públicos, municipalidades, organizaciones de la sociedad civil y universidades, entre ellos profesionales de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

La metodología buscó avanzar desde la identificación de los problemas hacia la definición de posibles acciones, soluciones y enfoques para enfrentarlos.

Los resultados de esta discusión serán incorporados en un policy brief dirigido a tomadores de decisión, con el propósito de fortalecer la conexión entre el conocimiento científico y las políticas públicas relacionadas con la conservación de la especie.

Este paso resulta especialmente relevante en un escenario donde muchas de las amenazas que enfrenta la güiña no pueden ser resueltas exclusivamente mediante medidas de protección dentro de áreas silvestres.

Una estrategia que cruza fronteras

La dimensión binacional también fue uno de los elementos centrales del encuentro.

La distribución de la güiña se extiende entre Chile y Argentina, por lo que las fronteras administrativas no coinciden con los espacios que utiliza la especie ni con los procesos ecológicos que determinan su supervivencia.

De ahí la importancia de fortalecer una red de colaboración que permita compartir información, metodologías de investigación, experiencias de monitoreo y estrategias de conservación.

El trabajo conjunto entre investigadores, universidades, organizaciones de conservación y organismos públicos busca precisamente superar esas divisiones y construir una visión común sobre el futuro de la especie.

El desafío está fuera y dentro del bosque

El seminario dejó así una conclusión que va más allá de la situación particular de la güiña: conservar una especie que vive en paisajes cada vez más intervenidos exige incorporar a la sociedad como parte de la solución.

El futuro de este pequeño felino no dependerá únicamente de mantener superficies de bosque o ampliar las áreas protegidas. También estará condicionado por la capacidad de mantener corredores y conexiones entre sus hábitats, reducir los impactos de las carreteras, controlar amenazas asociadas a animales domésticos y generar mejores condiciones de coexistencia con las comunidades rurales.

La conservación de la güiña, en definitiva, deberá seguir al animal allí donde todavía persiste: entre fragmentos de bosque, campos productivos, caminos, viviendas y otros espacios transformados por las personas.

Y para enfrentar ese desafío, la ciencia deberá encontrarse con la gestión pública, las comunidades y las decisiones que se toman cotidianamente sobre el territorio.

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