Dr. Luis García Santander. Facultad de Ingeniería. Departamento Ingeniería Eléctrica.
Dr. David González Lanteri. Facultad de Ciencias Forestales
Ing. Bastián Rivas Maldonado. Estudiante Post grado FCF
Ing. Teodoro Núñez M. (INGEATOB)
Durante décadas, la gestión de la vegetación en torno a las redes eléctricas se ha basado en la experiencia, la observación en terreno y, muchas veces, en la intuición. Sin embargo, ese modelo hoy resulta insuficiente frente a un escenario marcado por el cambio climático, el aumento de incendios forestales y la creciente exigencia sobre la continuidad del suministro eléctrico. La pregunta ya no es si debemos cambiar la forma en que abordamos este problema, sino cuán rápido somos capaces de hacerlo.
En ese contexto, la incorporación de tecnología LiDAR y cámaras RGB de alta definición montadas en dron no solo representa una mejora técnica, sino un verdadero cambio de paradigma. Pasar de estimaciones visuales a mediciones con márgenes con error máximo ±40 centímetros y resoluciones de centímetros implica un salto cualitativo en la forma de entender el territorio. Significa, en términos simples, dejar de reaccionar ante el riesgo para comenzar a anticiparlo con precisión.
Lo relevante de esta innovación —impulsada por investigadores de la Universidad de Concepción— no es solo su sofisticación tecnológica, sino su impacto concreto en la toma de decisiones. Poder clasificar la cobertura vegetal con más de un 95% de confiabilidad y generar mapas de priorización permite a las empresas optimizar recursos, reducir costos y focalizar sus intervenciones donde realmente se necesita. En un sector históricamente presionado por la eficiencia, esto no es menor.
Pero quizás el aporte más significativo está en el cambio de enfoque. Durante años, el mantenimiento se ha limitado a la franja de servidumbre, como si el riesgo tuviera fronteras rígidas. Hoy sabemos que no es así. Árboles ubicados fuera de esas zonas pueden, por su altura o condición, transformarse en una amenaza real. Incorporar el análisis de proyección de caída no solo amplía la mirada, sino que instala una lógica preventiva mucho más acorde a los desafíos actuales.
En un país donde los incendios forestales han demostrado su capacidad de devastación, la relación entre vegetación y redes eléctricas no puede seguir abordándose de manera fragmentada. Aquí, la tecnología ofrece una oportunidad concreta para reducir riesgos, cumplir con estándares regulatorios y, sobre todo, proteger a las comunidades.
Lo que viene ahora es igual de desafiante. Avanzar hacia la identificación específica de especies y planificar intervenciones diferenciadas según sus tasas de crecimiento abre la puerta a una gestión verdaderamente inteligente. No se trata solo de cortar árboles, sino de entenderlos, anticipar su comportamiento y gestionar el territorio con información de calidad.
En definitiva, este tipo de iniciativas marca el camino hacia un nuevo estándar. Uno donde la colaboración entre academia, empresas y Estado deja de ser un ideal y se convierte en una necesidad. Porque si algo han demostrado las últimas crisis, es que la prevención no solo es más eficiente, sino también más responsable.
La columna en la Revista Acoforag
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