Pese a seña­lar que no podía seguir con “las mis­mas rece­tas” para com­ba­tir la vio­len­cia rural, haciendo alu­sión a su ante­ce­sor el exman­da­ta­rio Sebas­tián Piñera, el 17 de mayo de 2022 -a 66 días de asu­mir el cargo- Boric firmó el decreto que ordena que sean las Fuer­zas Arma­das las que se hagan cargo de la segu­ri­dad de toda la Región de La Arau­ca­nía y en las pro­vin­cias de Arauco y del Bio­bío, en la Región del Bio­bío.

El des­plie­gue mili­tar en el sur, que ha con­tado con el apoyo del Con­greso en sus cons­tan­tes apro­ba­cio­nes, se ha man­te­nido hasta ahora. De hecho, el 17 de agosto el Par­la­mento vol­vió a apro­bar otra pró­rroga por 30 días. “No vengo a soli­ci­tar una pró­rroga admi­nis­tra­tiva, vengo a ren­dir cuenta de una deci­sión que ha dado resul­tado y que se le per­mita con­ti­nuar. En mate­ria de segu­ri­dad, las con­vic­cio­nes sin datos son sola­mente opi­nio­nes”, dijo el minis­tro de Segu­ri­dad, Mar­tín Arrau, ese día.

Es jus­ta­mente bajo ese con­texto que el Obser­va­to­rio del Cri­men Orga­ni­zado y Terro­rismo (OCRIT) de la Uni­ver­si­dad Andrés Bello rea­lizó un estu­dio para ana­li­zar qué tan efec­tiva ha sido la medida en cua­tro años de imple­men­ta­ción en esa zona. El estu­dio -de los auto­res Pablo Urquí­zar, Vicente Abrigo y Fran­cisca Adasme- se basó en datos de Cara­bi­ne­ros.

El estu­dio com­paró los nive­les de vio­len­cia regis­tra­dos en las regio­nes de La Arau­ca­nía, Bio­bío, Los Ríos y Los Lagos durante dos perío­dos simé­tri­cos de 1.419 días: antes y des­pués de la entrada en vigen­cia de la medida. El tra­bajo tuvo pre­sente que entre el 13 de octu­bre de 2021 y el 26 de marzo de 2022

hubo un estado de emer­gen­cia pre­vio decre­tado por Piñera, el que no fue pro­rro­gado. “En los 51 días en que dicha medida estuvo ausente los hechos de vio­len­cia se incre­men­ta­ron un 53%, lo que motivó la decla­ra­ción del segundo estado de emer­gen­cia”, dice el tra­bajo.

Asi­mismo, tam­bién se tuvo en vista que durante el segundo período ana­li­zado entra­ron en vigen­cia al menos seis leyes rele­van­tes en mate­ria de segu­ri­dad, se eje­cu­ta­ron ope­ra­ti­vos poli­cia­les y se pro­dujo la con­dena de Héc­tor Llai­tul, líder de la Coor­di­na­dora Arauco Malleco, lo que pudo, dice el informe, “inci­dir en los resul­ta­dos de forma inde­pen­diente al estado de excep­ción”.

“El estu­dio tuvo por pro­pó­sito eva­luar el impacto que ha tenido el estado de emer­gen­cia, vigente desde mayo de 2022 en la Macro­zona Sur, tanto desde una pers­pec­tiva jurí­dica como empí­rica, con­si­de­rando los nive­les macro­zo­nal, regio­nal, pro­vin­cial

y comu­nal. El obje­tivo no fue úni­ca­mente deter­mi­nar si la vio­len­cia dis­mi­nuyó, sino tam­bién exa­mi­nar los lími­tes jurí­di­cos de una medida de carác­ter excep­cio­nal, el rol desem­pe­ñado por las Fuer­zas Arma­das y los desa­fíos ins­ti­tu­cio­na­les que supone su uti­li­za­ción durante un período pro­lon­gado”, explica Pablo Urquí­zar -quien fuera excoor­di­na­dor de segu­ri­dad de la Macro­zona Sur durante la admi­nis­tra­ción Piñe­ra.

Entre los pri­me­ros resul­ta­dos se señala que hubo una dis­mi­nu­ción “sus­tan­tiva” en la mayo­ría de los indi­ca­do­res de vio­len­cia. “Las denun­cias tota­les por hechos delic­ti­vos caye­ron un 42,6%, pasando de 4.840 a 2.779 casos, con reduc­cio­nes en las cua­tro regio­nes de la Macro­zona Sur: Bio­bío (49,4%), Los Lagos (50,8%), Los Ríos (46,2%) y La Arau­ca­nía (38,9%), esta última con la caída por­cen­tual más mode­rada, pese a con­cen­trar el mayor volu­men abso­luto de hechos”, dice el texto.

Reduc­ción y aumento

El estu­dio mues­tra que, en el período ana­li­zado, los deli­tos vio­len­tos caye­ron. Por ejem­plo, los homi­ci­dios caye­ron de 36 a 15 casos (58,3%), con las mayo­res caí­das en Arauco (73,3%) y Malleco (61,5%), y una reduc­ción más mode­rada en Cau­tín (25%). Las per­so­nas lesio­na­das tam­bién dis­mi­nu­ye­ron de forma sig­ni­fi­ca­tiva, con des­cen­sos espe­cial­mente mar­ca­dos en Bio­bío (65,8%) y La Arau­ca­nía (44,8%).

Otros deli­tos que baja­ron fue­ron los incen­dios y las usur­pa­cio­nes. Los pri­me­ros caye­ron de 1.097 a 598 casos (45,5%), con­cen­trando la mayor reduc­ción abso­luta en Bio­bío, mien­tras que los segun­dos baja­ron de 656 a 216 casos (67,1%), con una caída espe­cial­mente pro­nun­ciada en La Arau­ca­nía, “donde este delito prác­ti­ca­mente desa­pa­re­ció tras la medida, salvo un repunte pun­tual aso­ciado a la entrada en vigen­cia de la Ley N° 21.633 sobre ocu­pa­ción ile­gal de inmue­bles”.

Un con­traste se regis­tró res­pecto a deli­tos de daños. Por ejem­plo, se pro­dujo una dis­mi­nu­ción gene­ral de vehí­cu­los des­trui­dos a nivel de la Macro­zona Sur (34,7%), con las mayo­res caí­das en Bio­bío y La Arau­ca­nía. No obs­tante, hubo aumen­tos rele­van­tes en regio­nes no cubier­tas por la medida, como Los Ríos (64,7%) y Los Lagos (71,4%).

Donde tam­bién hubo con­traste fue en las accio­nes de los gru­pos radi­ca­les. En ese sen­tido, se regis­tró una dis­mi­nu­ción en la acti­vi­dad de gru­pos como la Coor­di­na­dora Arauco Malleco (cerca de un 20,5%), la Wei­chán Auka Mapu (39,5%) y la Resis­ten­cia Mapu­che Laf­ken­che (62,5%).

Sin embargo, el estu­dio da cuenta de que Resis­ten­cia Mapu­che Malleco aumentó sus adju­di­ca­cio­nes en un 87,1% tras la entrada en vigor del estado de emer­gen­cia, “con­so­li­dán­dose como uno de los acto­res más acti­vos del período, con fuerte arraigo terri­to­rial en sec­to­res como Temu­cui­cui”. Asi­mismo, apa­re­cie­ron otros, como Resis­ten­cia Kun­ko­Wi­lli­che y Resis­ten­cia Mapu­che Pehuen­che.

Con­clu­sio­nes y desa­fíos

Para la parte final, el estu­dio pro­pone varios desa­fíos que debie­sen ser con­tem­pla­dos en torno a la medida. Uno de ellos, el más cri­ti­cado desde el mundo de la aca­de­mia, es la nor­ma­li­za­ción de la medida que se pre­senta como “de excep­ción”.

“El uso pro­lon­gado -cua­tro años- y las más de 70 pró­rro­gas del estado de emer­gen­cia refle­jan su con­so­li­da­ción como herra­mienta ordi­na­ria de ges­tión de segu­ri­dad, pese a su carác­ter cons­ti­tu­cio­nal­mente excep­cio­nal y sub­si­dia­rio. Ello plan­tea la nece­si­dad de defi­nir con cla­ri­dad los lími­tes de su apli­ca­ción y for­ta­le­cer alter­na­ti­vas ins­ti­tu­cio­na­les sos­te­ni­bles en el tiempo”, se señala en el tra­bajo.

Otra crí­tica es la ausen­cia de medi­das estruc­tu­ra­les. “Per­sis­ten desa­fíos para el diseño de polí­ti­cas que, junto con la segu­ri­dad, abor­den fac­to­res estruc­tu­ra­les de la pro­ble­má­tica. En tal sen­tido, por ejem­plo, lo que dice rela­ción con la deuda en mate­ria de tie­rras que tiene el Estado, res­pecto de la cual, según esti­ma­cio­nes de la Comi­sión Pre­si­den­cial para la Paz y el Enten­di­miento, bajo la nor­ma­tiva vigente podría demo­rarse entre 80 y 162 años en sal­darse”.

Final­mente, ya para las con­clu­sio­nes, en el estu­dio se señala que el estado de excep­ción ha tenido “un impacto sig­ni­fi­ca­tivo en la reduc­ción de hechos de vio­len­cia, aun­que con resul­ta­dos dis­pa­res según región, pro­vin­cia y tipo de delito”.

“La medida ha gene­rado un efecto disua­sivo nota­ble en los deli­tos más gra­ves, como homi­ci­dios e incen­dios, redu­ciendo sus­tan­cial­mente su ocu­rren­cia. Sin embargo, per­sis­ten desa­fíos rela­cio­na­dos con la rea­pa­ri­ción de vio­len­cia en zonas no inter­ve­ni­das y con la acti­vi­dad de gru­pos radi­ca­li­za­dos emer­gen­tes que han adap­tado sus estra­te­gias”, se añade en el estu­dio.

Urquí­zar pone un matiz. Sos­tiene que la reduc­ción de homi­ci­dios, incen­dios o usur­pa­cio­nes no implica nece­sa­ria­mente la desa­pa­ri­ción de las estruc­tu­ras que sos­tie­nen la vio­len­cia, “pues estas tie­nen capa­ci­dad para adap­tarse, des­pla­zarse terri­to­rial­mente o adop­tar nue­vas for­mas de orga­ni­za­ción”.

Por otro lado, dice que levan­tar la medida podría ser una ame­naza. “Existe un ante­ce­dente que obliga a con­si­de­rar ese riesgo: des­pués del tér­mino del estado de emer­gen­cia decre­tado durante el gobierno del pre­si­dente Piñera hubo 51 días sin la medida, período en el que los hechos de vio­len­cia vol­vie­ron a aumen­tar sig­ni­fi­ca­ti­va­mente”.

Fuente: La Tercera


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